Uber y Spotify: nueva economía y nueva relación con los mercados
Spotify y Uber, entre otras compañías tecnológicas, han realizado emisiones de bonos convertibles en acciones de su más o menos cercano estreno en el parqué. Una vía original de entrar en contacto con el mercado, pero con doble riesgo para los inversores: de crédito y de que finalmente el debut bursátil no se produzca.
Las nuevas 'start up' tecnológicas están transformando el mundo del trabajo humano, devaluándolo y haciéndolo más prescindible, lo que puede llevar a modificar de raíz el modelo económico y social que conocemos. La inversión no es ajena a los cambios que están introduciendo este tipo de compañías, que comienzan su relación con los mercados por vías menos directas. Spotify, la empresa líder en la emisión de música en 'streaming' tanto gratuita como de pago, acaba de captar 1.000 millones de dólares en deuda convertible en acciones cotizadas. Pese a que aún no está en bolsa, la compañía ha colocado esos activos, con la esperanza de que más temprano que tarde, debute en el parqué. A los inversores, Spotify les ha prometido que la conversión se realizará con un 20 por ciento de rebaja sobre el precio de salida a bolsa. El interés de los bonos irá subiendo un punto cada seis meses a partir del 5 por ciento inicial. Con esta medida, la empresa quiere fidelizar a los inversores, para que no se vayan si se cansan de esperar el definitivo toque de campana.
Spotify no es una excepción en el empleo de este tipo de emisiones para financiarse. Según datos de Pitchbook recogidos por Bloomberg, el porcentaje de rondas de financiación por parte del capital riesgo que han conllevado la emisión de convertibles se ha doblado desde 2012. ¿Por qué? Craig Jacoby, de Cooley LLP, comentaba en declaraciones a Bloomberg que la deuda convertible ofrece la oportunidad a los inversores de que prestan dinero con la opción de recibir acciones más tarde. Para las empresas, la ventaja estriba en que financiarse así es mucho más rápido que organizar una captación de dinero emitiendo acciones y, además, suele ser más barato, dado que implica menores gastos legales. También es importante otra razón: las empresas consiguen retrasar en el tiempo los problemas que suele conllevar su valoración que exige la salida a bolsa cuando el negocio no está rodado, no tiene beneficios y hay más expectativas que realidades. Un entorno de bajos tipos de interés como éste también es más propicio para la emisión de deuda. Manuel Romera, director del sector financiero del IE Business School, también achaca esta alternativa de obtención de fondos a las reticencias del sector financiero por dar créditos a este tipo de empresas y al interés de las nuevas compañías por desintermediar la petición de recursos. Añade que escogen emitir deuda en lugar de salir a bolsa para evitar el escrutinio constante al que están sometidas las empresas cotizadas.
Pablo González, de Ábaco Capital, precisa que las empresas que realizan estas operaciones están en una fase temprana de desarrollo y no suelen producir demasiada caja. Otro motivo por el que acuden a estas rondas de financiación tiene que ver con que no suelen querer dar pistas sobre su negocio, para que no se lo copien en un mercado muy competitivo. Además, ante el apetito que existe en la actualidad por el sector tecnológico más innovador por parte de cierto tipo de inversores, con este tipo de operaciones logran captar al bonista con el premio adicional de un interés creciente y la posibilidad de luego tener sus acciones.
Riesgos y oportunidades
¿Qué riesgo tienen estas operaciones? Borja Gómez, de Inverseguros, insiste en que estos productos de inversión son complejos y en que tienen más riesgo que un bono normal y corriente. Aconseja, si en alguna ocasión algún inversor se encuentra con este tipo de emisiones, analizar en detalle el folleto de la emisión, puesto que las ecuaciones de canje suelen ser difíciles y muy heterogéneas. Y advierte de que el tipo de empresas que realizan estas emisiones, al no ser cotizadas, no tienen obligación de proporcionar información al mercado, por lo que se trata de compañías, en general, más opacas.
¿Se corre el riesgo de perder con la inversión? «Si la compañía no quiebra, el inversor recupera su dinero a vencimiento. Si la empresa va bien y sale a bolsa, existe un gran potencial de ganancias, porque la acción puede subir y, además, puede ganar un 20 por ciento más si es que la ecuación de conversión, como en Spotify, incluye una rebaja del 20 por ciento sobre el precio que se establezca para salir a bolsa», explica González. Pero González también apunta que hay mucho riesgo a la baja: muchas de estas empresas no tienen historial, ni beneficios. Al final, como señala Romera, los inversores lo que tienen que valorar para medir el riesgo de su inversión es la rentabilidad del negocio, para calcular si va a poder ver restituida su inversión.
Carlos Camacho, gestor del Rural Tecnológico, comenta que lo malo de Spotify es que el 97 por ciento de sus costes son pagos a discográficas y que su margen bruto es muy pequeño, teniendo en cuenta, además, que es un servicio basado en la gratuidad con un reducido porcentaje de usuarios utilizando su servicio premium. En su opinión, no parece un modelo sostenible y cree que sólo está dando patadas hacia delante con sucesivas rondas de financiación hasta que un día alguien lance una oferta sobre ella. Por tanto, Camacho comenta que el inversor enfrenta tanto un riesgo de crédito, es decir, que la empresa no repague, además de que finalmente no salga a bolsa.
¿Y Uber?
Uber, la compañía que quiere revolucionar el transporte de viajeros, es, de entre las 'start ups' no cotizadas, la más grande, con una capitalización de 50.000 millones de dólares, de acuerdo con las últimas valoraciones. Hace algo más de un año realizó una emisión de convertibles por valor de 1.600 millones de dólares que suscribió Goldman Sachs para sus clientes de banca privada. Además, Uber se marcó como objetivo colocar otros 600 millones entre 'hedge funds' pocos meses después. En el desarrollo de esta última operación, por una filtración de la información proporcionada a los inversores, quedó de manifiesto que genera unas pérdidas operativas de 470 millones de dólares con los 415 millones de dólares que ingresa. La compañía proponía la conversión de los bonos por acciones si salía a cotizar con un descuento del 11,5 por ciento. El vencimiento de esa emisión estaba fechado en 2022 y el interés ascendía al 8 por ciento anual.
La SEC, el regulador americano, ha mostrado su preocupación respecto a las emisiones de activos realizadas por parte de empresas que no cotizan, que aún no son públicas. Como las compañías se mantienen fuera del mercado durante más tiempo, emiten más tipos de títulos, lo que hace más difícil valorarlas, porque cada uno de ellos tiene un precio diferente.