El bonus, ese pequeño objeto de deseo
Piénselo fríamente. Si su empresa hubiese necesitado un rescate de más de 31.000 millones de euros, tras perder miles de[…]
Piénselo
fríamente. Si su empresa hubiese
necesitado un rescate de más de 31.000 millones de euros, tras perder miles de
millones más. ¿Tendría usted el valor de reclamar el bonus anual?
Seguramente responda que no y piense en apretarse el cinturón, ya vendrán
tiempos mejores. Pero los empleados de Phibro, una filial de Citigroup
especializada en mercados financieros y corretaje de derivados no han debido de
plantearse lo mismo.
Ni
cortos ni perezosos, según ha informado este fin de semana el rotativo "The
Wall Street Journal", los brokers, dirigidos por Andrew J. Hall, han solicitado
cien millones de dólares (unos 70 millones de euros) en concepto de bonus; y ha amenazado con abandonar la empresa si no
se cumplen las condiciones de retribución pactadas en el contrato. El problema
es que los operadores dirigidos por Hall
sí fueron rentables el año pasado, y según se comenta en Wall Street, este año
tampoco van mal. Pero de momento Citi no ha movido ficha, y a Hall no le ha
llegado ningún cheque millonario.
Ahora,
la reivindicación de Hall se ha convertido en un quebradero de cabeza para
Kenneth Feinberg, el responsable de
Blanca
-Citigroup lo está en un 34%- ya que los
operadores amenazan con demandar a la empresa e irse a la competencia.
Más
allá de los problemas de conciencia que pueda suscitar esta petición, lo que sí
es cierto es que en ninguna empresa con
un poco de sentido común se establecen los incentivos al margen de la marcha
general del negocio. Es decir, usted puede ser un estupendo contable o un
magnífico consultor. Pero si la empresa no consigue los objetivos generales de
beneficio o ventas, por ejemplo, es raro que reciba el 100% del variable
pactado. Y si las cosas vienen mal dadas, como es el caso, lo más normal es que
no reciba nada.
En las empresas privadas, este razonamiento
cae por su propio peso. Y en el caso de la filial de Citi -podemos considerar que es
semipública- también debería de ser así. El tema no es nuevo, ya ha pasado en
AIG. Y seguramente pasará en todas aquellas sociedades donde el Tesoro
estadounidense se ha visto obligado a meter baza. Ahora, la pelota está en el tejado
de Feinberg, quien no tendrá más remedio que tragar -todo está apalabrado y
bien firmado- so pena de meterse en un complicado proceso legal en el que lleva
todas las de perder. Pero a quien se le deberían exigir responsabilidades es a
quien firmó con Hall un programa de retribuciones tan particular, un despropósito
que permite reclamar la pitanza salga el sol por donde salga.