Las dos caras de una Repsol bien trabajada
Al paso que vamos, Repsol va a tener que descubrir otro continente donde pinchar para seguir con su vertiginosa carrera[…]
Al paso que vamos, Repsol va a tener que descubrir otro continente donde pinchar para seguir con su vertiginosa carrera por recuperar sus alicaídas reservas de petróleo y gas. La petrolera anunció ayer el decimocuarto hallazgo donde, a falta de la exploración posterior, tiene otro tesoro escondido. En la última semana ha anunciado tres nuevos pozos, algo insólito en una compañía que fuera de nuestras fronteras se sigue viendo como una simple refinera.
Unos resultados fruto de una estrategia que Antonio Brufau, su presidente, puso en marcha tras aquel triste enero de 2006, cuando la compañía reconoció que había desaparecido el 25% de sus reservas. El ingeniero catalán contrató a más de 200 profesionales, la mayoría de ellos extranjeros, con el objetivo de encontrar crudo hasta debajo de las piedras. Destinó muchos recursos para cambiar el perfil de una empresa energética que era carne de cañón de otras más grandes, que estuvieron a puntito de lanzar una OPA poco amistosa (Marathon Oil).
Lo ha conseguido, aunque los réditos aún tardarán en observarse con claridad puesto desde que se encuentra petróleo hasta que se explota y comercializa pueden pasar entre siete y diez años. Un esfuerzo que ha sido reconocido por los analistas y por los inversores, como prueba que la cotización se ha apreciado cerca de un 20%. A Brufau nadie le podrá echar nada en cara.
Sin embargo, este excelente futuro contrasta con un duro presente. La compañía sufrió en el primer semestre del año un descenso del beneficio del 58%, en línea con el resto del sector. Un retroceso brutal condicionado por la desfavorable comparativa del precio del barril y la pésima evolución de los negocios de refino y marketing. La segunda parte del año pinta algo mejor -el crudo se desinfló en el último trimestre de 2008-, pero poco para poder corregir tal desviación.
Unos números que pueden poner en peligro una de las promesas del plan estratégico de Repsol: aumentar el dividendo a ritmos de dos dígitos. Puede ser que tenga que conformarse con repetir el del año anterior en el mejor de los casos, salvo que entre octubre y diciembre consiga reducir su presencia en la argentina YPF. Un grano que se le ha enquistado a Repsol desde hace ya más de tres años y por el que el mercado le penaliza.
Sin olvidar que Sacyr, del que ya no se habla, sigue ahí, como primer accionista, con lo bueno -¿?- y con lo malo que ello supone.