La fusión se aplaza cuando más falta hace
Fue el pasado 31 de julio cuando los presidentes de Iberia y British Airways se presentaban en Madrid abrazándose ante[…]
Fue el pasado 31 de julio cuando los presidentes de Iberia y British Airways se presentaban en Madrid abrazándose ante lo que iba a ser una de las operaciones societarias del año. Diez meses después, no es que sólo no se haya avanzado algo, sino que cada vez surgen más impedimentos para formalizar una fusión que hace falta en todo el sector, en general, y a ambas compañías, en particular.
Cuando no fue por la pérdida de privilegios de los trabajadores de la aerolínea británica, con un mastodóntico plan de pensiones entre sus manos, era porque ninguna de las compañías aceptaban el canje (60%-40%; 55%-45%...) que se proponía; cuando no era porque Europa ponía pegas, era porque nadie sabía dónde debería estar la sede del grupo; y cuando no ha sido porque se vacilaba con el tipo de empresa que se crearía (holding, grupo, fusión total...), es porque la realidad está lastrando sus cuentas: Iberia ya ha perdido 92 millones de euros en el primer trimestre del año, y no parece que las cosas vayan a ir mucho mejor.
El atomizado sector aéreo de Europa no puede quedarse atrás en las operaciones de fusión que ya se han llevado a cabo en Estados Unidos. Es imposible que, ni siquiera en un contexto de alegría económica -como el que había hasta 2007-, tantas y tan variadas compañías compitan en un mismo sector. Y lo peor de este continuo aplazamiento es que serán los accionistas los que sufran sus consecuencias: por lo pronto, Iberia no repartirá este año dividendo. Sería hora de que los verdaderos dueños de la empresa exigieran transparencia, rapidez y agilidad para acelerar una operación que no sólo es necesaria, sino también imprescindible para seguir adelante.