Qué ejecuten ya a Sacyr
La urgencia por salvar la cabeza a Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, esta derivando en situaciones esperpénticas que,[…]
La urgencia por salvar la cabeza a Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, esta derivando en situaciones esperpénticas que, desgraciadamente, afectan de forma directa a las cuentas de nuestra economía, al bolsillo de todos, a la seguridad energética, a nuestro sistema financiero y, especialmente, al sentido común.
Una vez que ya han pasado por Moncloa todo tipo de posibles salvadores de la constructora -Total, Eni, Gazprom, etcétera- con escaso éxito por las irracionales condiciones que se piden para salvar al amiguete del Gobierno, España se debate entre Lukoil si, Lukoil no. Rusos si, rusos no. El despropósito es tal que mientras los propios bancos acreedores de Sacyr le están buscando fórmulas de financiación para evitar el colapso, incluido de ellos mismos, ya se oyen voces que piden la nacionalización de Repsol.
Una barbaridad de un calibre desconocido que, pese a los que se quiera vender desde el lado gubernamental, no tiene parangón con lo que se ha hecho con los grupos financieros fuera de nuestras fronteras. Repsol ya fue privatizada -el último tramo se vendió en 1996- por orden del PSOE y del PP y se acabó.
Ahora lo que toca es ejecutar las garantías al señor Del Rivero que, sorprendentemente, todavía no ha dimitido. Ejecutarle las garantías con las que el empresario murciano saltó la valla de la construcción, donde sí que era bueno, para meterse a petrolero para no ser menos que sus competidores de ACS y Acciona. La compra del 20% de Repsol la hizo con un préstamo en una sociedad sin apenas capital y cuyo aval fueron las propias acciones, que ahora valen un 40% menos.
Como le pasaría a usted si no pagara los intereses que debe, le ejecutarían las garantías y perdería su casa. Ese es el dilema de Sacyr, que no tiene dinero para pagar. Pero a diferencia de lo que le pasaría a cualquier hijo de vecino, a la constructora y a su ínclito presidente no le guillotinan porque la sangre mancharía, entre otros, a Banco Santander, La Caixa, Citigroup y alguna que otra gran fortuna española, como la de Juan Abelló o la de Ramón .Calderón, presidente del Real Madird.
Si finalmente no se perpetra el escándalo de Lukoil, me da miedo pensar en la alternativa que estén barajando Miguel Sebastián o Pedro Solbes, por cierto, desaparecido en este combate. Lo sencillo sería que, como ya hicieron con Inmobiliaria Colonial, los acreedores, liderados por don Emilio Botín, le echen valor y se queden con los títulos, se conviertan en los principales accionistas, provisionen como manda el Banco de España y, pasado el tiempo, vendan de forma coordinada.
Lo demás son disparates para salvar a cinco malos gestores a costa de muchos accionistas -los minoritarios tienen 27 millones de repsoles- y más ciudadanos de a pie.