UBS y los paraísos fiscales
Ya cayó UBS. El gigante suizo era hasta ahora el banco más castigado por la crisis "subprime" y todos se[…]
Ya cayó UBS. El gigante suizo era hasta ahora el banco más castigado por la crisis "subprime" y todos se extrañaban de que no diese signos de contaminación en sus balances. Cuando menos era chocante. Tendrá que retirar activos sin liquidez por 37.000 millones de euros (60.000 millones de francos suizos) de su balance y recibirá una inyección de capital del Estado de 3.700 millones a cambio de un 9 por ciento del capital. Su siguiente competidor, Credit Suisse, también ha pasado por la ventanilla del Tesoro helvético.
Suiza es uno de los pocos paraísos fiscales con un PIB capaz de respaldar semejante acción. Su potente industria es líder multinacional en química, farmacia, alimentación, lujo. Los impuestos que recauda el Estado permiten generar un mínimo de confianza en sus planes de rescate y en sus garantías a los depósitos. No ha sucedido lo mismo con otro paraíso: Islandia. Una comunidad de pescadores con un PIB 10 veces inferior a los balances de sus tres bancos.
¿Es el único caso? Se está hablando muy poco, por no decir nada, de las toneladas de dinero que lleva fluyendo en los últimos dos lustros hacia los paraísos fiscales. Estados completamente opacos y con un músculo recaudatorio nulo, pero receptores de ingentes cantidades de capital, en muchas ocasiones "negro".
Sería ingenuo pensar que los activos de sus bancos (y, por consiguiente, los ahorros de sus clientes) no están contaminados cómo los de UBS, RBOS o AIG. Deben haberse perdido muchas fortunas que por "h" o por "b" no se van a quejar ante sus arruinados Gobiernos. Y, seguramente, el poco dinero que queda en esas islas y pequeños reinos emigre, escarmentado, hacia destinos más seguros. Pero lo hará en silencio.