El escándalo financiero que se avecina

Una vez que ha estallado el Lehman Brothers español, que desde esta tribuna venimos contando desde hace meses, el margen[…]

Una vez que ha estallado el Lehman Brothers español, que desde esta tribuna venimos contando desde hace meses, el margen del que ya gozan nuestros administradores para engañar a los ciudadanos se estrecha. Aquello de que tenemos el sistema financiero más sólido de Europa que han reiterado José Luis Rodríguez Zapatero -presidente del Gobierno-, Pedro Solbes -ministro de Economía-, Miguel Ángel Fernnadez Ordóñez -gobernador del Banco de España- y Juan Ramón Quintás -presidente de las cajas-, entre otros, ya está superado.

 

Por suerte ya nadie se lo cree, primer paso para reconocer la realidad y poner soluciones efectivas. Nuestros banqueros no han cometido las fechorías de los homólogos americanos o europeos, pero es evidente que han hecho una pésima gestión del riesgo por mucho que desde Emilio Botín hasta el último presidente de la caja rural de Alpedetre hayan sacado pecho. Tan pésima que en juego está la supervivencia de más de una.

Con las alarmas tronando, el Gobierno, que insiste en mentir,  ha comenzado a lanzar los globos sonda desde los medios tradicionales: vamos a crear un fondo con dinero público para recapitalizar a las cajas. Eso si, para que no cunda el pánico, siempre como medida temporal por eso que Solbes y compañía llaman "problemas puntuales de liquidez".  Un problema de hasta 9.000 millones en Caja Castilla-La Mancha, una entidad de impacto limitado en el sistema, que se va a comer de golpe y porrazo el salvavidas de todo el sector: el Fondo de Garantía de Depósitos de 7.000 millones.

Como venimos denunciando desde octubre en este portal, la banca española tiene un problema de solvencia que sólo se soluciona inyectando recursos propios. Como el Gobierno no nos dice cómo se va a financiar esa obra de reconstrucción, podemos colegir que estos recursos van a salir del bolsillo de los españoles y servirán para tapar los enormes agujeros que han creado unos ejecutivos que cada año se suben el salario hasta cotas estratosféricas.

Con la morosidad camino del 10% este año, muchas entidades están literalmente quebradas.  Lo curioso es que el Banco de España pretende recapitalizar a los que están más tiesos que la mojama con participaciones preferentes, esos productos mitad renta fija, mitad renta variable, que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) desaconseja a los particulares. Entre otras cosas porque son títulos ilíquidos, están condicionados a la obtención de beneficios por parte del emisor -si pierden dinero el ahorrador no ve un duro- y sus propietarios son los últimos en cobrar en caso de quiebra.

Curiosamente, en los cinco últimos meses se han colocado entre minoristas mal asesorados por los directores de oficina cerca de 4.000 millones con este tipo de instrumentos financieros. Ni pensar quiero que pasaría si uno de nuestros ejemplares bancos o cajas se van al garete y los clientes pierden lo invertido.

Por ser positivo, creo que eso no pasará. Ocurrirá como en EE UU, donde sólo se dejó morir a un enfermo, Lehman Brothers. O dos si se tiene en cuenta Bear Stearns, recomprado por JP Morgan. El resto, como Merrill Lynch, Citigroup y AIG, siguen vivos porque se ha buscado una solución extraordinaria: cambiar la normativa contable para que no se tengan que provisionar los activos tóxicos, de tal forma que las ingentes pérdidas se conviertan en beneficios de la noche a la mañana.

Aquí pasará igual. Tiempo al tiempo. De lo contrario, arde Troya. Pero como se hará con dinero nuestro hay que exigir desde ya una contrapartida: la dimisión de los responsables y el pago de las consecuencias.

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