Goldman Sachs: la batalla gobiernos-bancos continua

La batalla entre gobiernos y entidades financieras no se da tregua. Se equivocan los que piensan que la sólida reacción[…]

La batalla entre gobiernos y entidades financieras no se da tregua. Se equivocan los que piensan que la sólida reacción de las entidades financieras ante los intentos reguladores de los gobiernos europeos y de Estados Unidos se puede mantener sin coste alguno. Esta batalla va a adquirir una especial virulencia en estados Unidos donde el presidente Obama, el mismo día que recibió el fuerte correctivo de la pérdida demócrata en Massachusset, anunció una serie de fuertes medidas de control de los bancos para tratar de impedir que se volviera a repetir una nueva crisis.

Pese a las amenazas, los bancos han hecho oídos sordos a las recomendaciones presidenciales y se han encomendado al Partido Republicano para que, en nombre de la libertad, se oponga a cualquier intento de control por parte del Estado. Y, aunque la batalla se antoja muy larga, parecía que las entidades financieras ganaban por goleada a los gobiernos. La denuncia de la SEC por las malas prácticas de Goldman Sachs les ha recordado a los bancos que no es gratis ni fácil ignorar al Gobierno. Esta denuncia ha puesto contra las cuerdas a Goldman Sachs a sólo unos días de la presentación de sus resultados en el primer trimestre del 2010. Y, de rebote, ha causado, un daño general a todas las instituciones financieras del planeta cuyo valor en Bolsa ha caído de manera importante. Aunque, a la vista de los resultados que se están presentando, es fácil pensar en una pronta recuperación de las cotizaciones.

Esta denuncia es, además, un serio aviso para el resto de las entidades financieras estadounidenses porque las prácticas de Goldman Sachs han sido semejantes a las llevadas a cabo por otros bancos.
La cuestión que se le plantea en estos momentos a las entidades financieras es si mantener su pulso contra la SEC, la Reserva Federal y el Gobierno para no ver recortada su capacidad de movimiento o, asumir un cierto control a cambio de no sufrir sustos semejantes a los de Goldman Sachs a partir de las inspecciones y denuncias que puedan llevar a cabo las instituciones reguladoras. La solución: mañana. Porque la lucha sin cuartel entre entidades financieras y gobiernos será muy larga. También a este lado del Atlántico.

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