Merrill, de estas quiebras estos fraudes
La sombra de la sospecha es alargada. En pleno debate sobre si es conveniente limitar los emolumentos de los dirigentes[…]
La sombra de la sospecha es alargada. En pleno debate sobre si es conveniente limitar los emolumentos de los dirigentes bancarios, la noticia de que el fiscal general de Nueva York investiga el pago secreto de primas a los directivos de Merrill Lynch ha arrojado sobre el sector una mancha, poco menos que indeleble.
Nada menos que 3.500 millones de dólares se habrían embolsado estos sujetos antes de que Bank of América saliese en su socorro. A mayor abundamiento, los directivos de BoA estarían al corriente de los furtivos planes de sus colegas. Cómplices, según indica el fiscal. El sueldo que se llevó el presidente de Lehman antes de quebrarlo se queda chico ante una cifra que ronda el nivel de pérdidas de BNP o Deutsche Bank.
Mientras, en España, los banqueros se bajan el sueldo, como es el caso en BBVA, o se lo congelan, como sucede en otros. Pero estos gestos sirven de poco. Las opacas publicaciones de resultados, las continuas inyecciones de ayudas públicas y el estigma de la corrupción inmobiliaria tardarán en desaparecer de la mente de los inversores. Al sentimiento de crisis en el sector financiero español se suma ahora el del fraude. Un fraude permanente que aflora con Lehman, con AIG y, ahora, con Merrill y BoA. Un fraude, no lo olvidemos, que castiga los valores del sector indiscriminadamente.
Las cotizaciones bancarias van a pasar una buena temporada en cuarentena. Y será difícil que los inversores vuelvan a mirar a los títulos financieros con interés si no se depuran responsabilidades judiciales. Parece que Estados Unidos, la maquinaria ya se ha puesto en marcha. Pero, en Europa los Gobiernos siguen mirando hacia otro lado.