Nadie quiere una intervención, pero todos la agradecemos

¿Por qué todos los responsables de las empresas intervenidas en los últimos 20 ó 30 años reaccionan con aires de[…]

¿Por qué todos los responsables de las empresas intervenidas en los últimos 20 ó 30 años reaccionan con aires de superioridad frente a las decisiones, no ya de un Gobierno, sino del Banco de España? La reacción de Juan Pedro Hernández Moltó, el que fuera presidente de Caja Castilla La Mancha, ha seguido la senda de Mario Conde: "La intervención de CCM no era financieramente necesaria, sino política". Es el mismo argumento esgrimido por los responsables de Banesto cuando la entidad estaba a punto de hacer aguas.
 
Claro que Caja Castilla La Mancha era una "entidad solvente", como apuntó el 29 de marzo de 2009 el Banco de España, justo antes de intervenirla; y que tenía un patrimonio neto positivo; y que apenas representaba menos del 1% de los activos del sistema bancario español. Razones esgrimidas ayer por Moltó para rechazar la intervención. Pero también el banco de Mario Conde realizaba una gran expansión territorial, a base de conceder créditos, poco antes de ser intervenida.
 
De lo que no se habla -o no se quiere hablar- en estas teorías conspirativas es de los efectos que hubiera provocado la falta de intervención estatal: la participación en el 30% de un aeropuerto en el que operan dos vuelos al día; o la masiva financiación desarrollada en promociones fantasma son dos razones lo suficientemente importantes para evitar el contagio al resto del sistema financiero.
 
Porque CCM era pequeña sí, pero no dejaba de ser el germen de un modelo que se podía haber desplomado en pocos días sin una decisión de intervención que calmara los ánimos de los ahorradores a acudir a las sucursales para retirar su dinero, algo que hace dos años estaba en la mente de casi todos. El peor escenario que se le puede presentar al sistema financiero -y a todo un país- es que aparezca un "efecto dominó" incontrolable, como el que ya ocurrió en el año 2000 en Argentina.
 
Por eso, que la mano del Estado se adentre en un negocio no es una buena noticia... Pero sí lo es, si lo hace para evitar un mal mayor del que, por ahora y sólo por ahora, todos nos hemos salvado.

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