Crisis financiera: ¿Vive Robin Hood en Islandia o es un país de piratas?

Los ciudadanos islandeses han decidido en referéndum no devolver los 3.500 millones de euros que uno de sus bancos dejó[…]

Los ciudadanos islandeses han decidido en referéndum no devolver los 3.500 millones de euros que uno de sus bancos dejó a deber a ahorradores del Reino Unido y Países Bajos con motivo de la quiebra de su entidad matriz. Fueron los gobiernos del Reino Unido y de los Países Bajos los que devolvieron la parte garantizada de los depósitos y ahora piden a Islandia que les reintegre ese dinero.
Muchos aplauden este gesto de los islandeses y ven en ello la reacción propia de un país con escasos recursos (los 3.500 millones de euros supone un tercio de su PIB), que cual Robin Hood, prefiere quedarse con el dinero de los ricos para distribuirlo entre los pobres.

Es comprensible, sin embargo, la decepción del ministro de Economía islandés y de todo el gobierno por el resultado de la consulta popular. Saben bien que la decisión les pone más cerca de la imagen de los piratas vikingos que desde sus costas, allá por el siglo X, salían en busca de cualquier botín, que de Robin Hood.

Aquellos 3.500 millones de euros captados a través de un banco por Internet contribuyeron, sin duda, al fuerte desarrollo que Islandia había emprendido en los últimos años tratando de pasar de una economía dependiente de la pesca a una sociedad con fuerte desarrollo industrial. De ese desarrollo, es verdad, se vieron especialmente favorecidos una minoría de  ciudadanos islandeses, pero también -aunque en menor medida- una amplia capa de la sociedad con un índice de actividad y desarrollo económico hasta entonces desconocido.

Es verdad que la quiebra de los tres bancos islandeses se debió a una absoluta falta de control del sector financiero y a una connivencia entre reguladores, políticos y responsables financieros en un ambiente en el que primaba la avaricia sobre la responsabilidad. Pero a ellos deben pedirle los ciudadanos islandeses responsabilidades porque sólo desde esa demanda y restituyendo lo que  pertenece a Reino Unido y Países Bajos será posible puedan superar la crisis y mirar el futuro con posibilidades de desarrollo. Mantenerse en la postura actual no sólo haría retroceder  la economía islandesa varios decenios, con todo lo que ello supondrá para el bienestar de sus ciudadanos, sino que convertiría a Islandia en una pequeña aldea digna de los relatos de Goscinny y Urdezo.

Se suele olvidar en casos como el de los bancos islandeses que los afectados no son gobiernos, sino simples ahorradores que, confiando muchas veces en entidades intermediarias de reconocido prestigio y en que se trataba de Deuda soberana de un país sin problemas económicos, colocaron una parte de su dinero. En España existe cerca de un millar de ahorradores que contrataron depósitos o bonos del banco islandés Landsbanski, que han constituido un grupo de afectados, con muy escasas posibilidades de recuperar su dinero tras el resultado del reciente referéndum.

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