Que tiemblen los pequeños
La promesa se ha convertido en realidad: a partir del verano, la gestión de los aeropuertos pasará, en parte, a[…]
La promesa se ha convertido en realidad: a partir del verano, la gestión de los aeropuertos pasará, en parte, a manos privadas, y, en parte, a los gobiernos regionales, que comenzarán a tomar decisiones sobre los aeródromos que se encuentren en su territorio. Y esto, ¿es bueno o malo? Desde un punto de vista económico-financiero, excelente. Desde un punto de vista de convergencia social y territorial, una mala noticia para las decenas de pequeños aeropuertos dispersos por la Península, que verán abocado su futuro, lejano pero ineludible, al cierre.
De entre los 38 aeropuertos españoles, solamente cinco podrían subsistir por sus propios medios: Madrid, Barcelona, Málaga, Palma y Tenerife. Lo que ahora ocurre es que los beneficios generados por estos aeropuertos compensan las pérdidas del resto. Por Barajas pasan cada año casi 30 millones de personas, al igual que en los de las Islas Canarias; por Cataluña, casi 20 millones. Con la llegada de los gestores privados, la financiación de estas infraestructuras irá encaminada a las que verdaderamente consigan beneficios. Es el modelo británico, alemán, holandés, italiano, belga o austriaco. Y no es que vayan nada mal los Heathrow, Francfort, Malpensa o Ámsterdam.
El problema del posible cambio en la estructura española se llama expectativas. Que nadie espere que, porque la Generalitat participe en la gestión del Prat, las compañías aéreas vayan a inaugurar rutas intercontinentales. El presidente de , Fernando Conte, ha dejado meridianamente claro que la aerolínea sólo abrirá rutas desde Barcelona hasta América "cuando haya una demanda suficiente". Desde Spanair, sus responsables han expresado siempre la misma opinión: "Se estudiará cada caso". Y esa es la clave de los nuevos aeropuertos. Se guiarán exclusivamente por demanda y oferta, y los aspectos más sociales o de convergencia regional irán diluyéndose poco a poco, a favor de la economía de mercado.
Los Badajoz (30.000 pasajeros al año) o Murcia (190.000), por poner sólo unos ejemplos, tienen los días contados. Tarde o temprano tendrán que captar un buen número de clientes, para que su gestión sea rentable, o estarán abocados a echar el cierre. Con el AVE amenazando incluso al Puente Aéreo y el petróleo desbocado, parece difícil que los pequeños puedan subsistir. Y las ayudas oficiales, como las que ahora reciben algunos de estos aeródromos de los gobiernos regionales para implantar las "low-cost", ya han sido sancionadas por la Unión Europea. El mercado vuelve a mandar. Y más, en etapas de crisis.