El diablo está en los detalles

Esto es lo que ahora debe primar por encima de todo: conocemos el final (unión europea: fiscal, financiera y política) y conocemos donde estamos. Incluidas las deficiencias. Entre estas, que la solución de la crisis pasa por integración, pero también por mutualizar el riesgo.

¿Cuántas veces han escuchado esto al hablar de Europa? Grandes acuerdos seguidos por grandes matizaciones. Pero, al menos, siguiendo un proceso claro. Esto es lo que ahora debe primar por encima de todo: conocemos el final (unión europea: fiscal, financiera y política) y conocemos donde estamos. Incluidas las deficiencias. Entre estas, que la solución de la crisis pasa por integración, pero también por mutualizar el riesgo. Ahora bien, en algún momento debemos hablar de cómo y qué tipo de riesgo mutualizar. En este punto, en el camino a seguir para hacerlo, es donde entra la política nacional.

¿Será la decisión del Tribunal Constitucional alemán una decisión política? Preguntarlo ofende. Y, sin embargo, ayer escuchaba a un analista que tenía toda su confianza en que la política imperaría en su decisión. Obviamente, el Presidente del Tribunal, al inicio de las deliberaciones, ya reconocía que lo que se discute no es si el OMT salva o no al euro, tampoco su eficacia, como si está de acuerdo con la Constitución alemana. ¿Y si hay puntos en desacuerdo? Pues tendrá que adaptarse, siempre que se quiera que Alemania forme parte del Programa. Pero decir lo contrario sería volver a cuestionar la supervivencia del euro, como lo fue un año atrás.

Siguiendo con la posible respuesta del Tribunal Constitucional alemán, el Presidente del Buba dio ayer tres argumentos difíciles de rebatir:

1. OMT podría suponer importantes pérdidas al ECB (entre otros, al Buba).

2. Puede poner en cuestión la credibilidad de la Institución.

3. Pone en cuestión la línea de separación entre la política fiscal y monetaria.

Luego se deben limitar las pérdidas, debe ser estrictamente condicionado y debe ser aplicado a países solventes, más allá de su acceso o no al mercado. Como ven, todo tiene solución. Pero, naturalmente, con variación en los detalles, como siempre.

Hace poco asistí a una reunión de economistas, centrada en la próxima Cumbre Europea de final de este mes. ¿Se lo resumo? Pocas esperanzas de integración fiscal hasta después de las elecciones alemanas, integración bancaria centrada en la supervisión pero sin avances en su financiación y sin fechas en la garantía común de depósitos. Realmente, en estos momentos no tengo nada claro lo que espera el mercado, si realmente espera algo. Pero sí estoy algo inquieto ante la importancia que dan algunos gobiernos a la reunión, entre ellos el nuestro.

En definitiva, parece que no es una reunión de compromiso o la confirmación del camino emprendido un año atrás con la integración financiera. Pero, con vistas precisamente a las elecciones alemanas, es de esperar que tampoco haya desaires o desacuerdos públicos. De nuevo tendremos que ver los detalles más allá del comunicado final. Es lo que harán los inversores, probablemente tratando de argumentar la falta de concreción en la proximidad de las elecciones alemanas. Y dando por hecho que, una vez resueltas, no habrá problema para seguir con el proceso para resolver la crisis del euro. Ya saben: mutualizar los riesgos de una u otra forma.

¿Hay que ver las elecciones alemanas de septiembre con tranquilidad? En nuestra opinión, será el principal evento (económico, financiero y político) para la zona este año. Nosotros damos por hecho que la Canciller Merkel será reelegida, aunque, probablemente, en coalición (y sin descartar cambiar los compañeros de coalición; combinaciones de cuatro partidos, aunque el quinto en discordia es anti-euro). La pregunta es obvia: ¿habrá cambios tras las elecciones hacia una mayor rapidez en la integración europea? Sinceramente, no lo creo. De hecho, por el momento, la campaña está centrada en temas domésticos y no tanto europeos.

Esto, probablemente, es lo que defendía la Canciller. Y se está cumpliendo. Pero, por otro lado, es claro, como su consecuencia, será probablemente que no haya un cambio en la política actual de acercamiento gradual: limitada integración fiscal, limitada unión bancaria, mayor énfasis en integración de la política económica y buscar respuestas/salidas cuando las circunstancias lo requieran. Esto último no suena bien, lo admito. Pero es lo que hay. Los detalles, más tarde.

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