Visto para sentencia el «caso Breivik», que juzga su aislamiento «inhumano»

Después de una semana, el juicio de apelación del estado noruego contra la sentencia que, en el mes de abril, le condenó por las «inhumanas» condiciones de prisión del terrorista Anders Breivik, ha llegado a su conclusión. Habrá que esperar hasta finales de febrero para conocer el veredicto del juez Øystein Hermansen quien, desde el primer momento, mostró una actitud nada complaciente con Breivik a quien prohibió que realizara el saludo nazi al entrar en la sala, tal como había hecho el primer día. «Ese comportamiento es un insulto a la dignidad de este tribunal» le dijo.

Lo que se juzga estos días es si el régimen de aislamiento al que está sometido el asesino constituye una violación del artículo 3 de la Convención Europea de Derechos Humanos, que prohíbe castigos «inhumanos o degradantes», tal como había sentenciado un tribunal de Oslo el pasado año.

Durante los seis días que han durado las sesiones, transmitidas en directo por la televisión, los abogados del estado han tratado de demostrar que Breivik es un preso peligroso y manipulador, que no ha mostrado ningún síntoma de arrepentimiento y que el aislamiento tiene como fin evitar que ponga en marcha una red de extrema derecha desde la cárcel. Además, el fiscal general, Fredrik Sejersted, llegó a calificarlo como un «preso VIP», que disfruta de condiciones acogedoras en la cárcel y que, en general, goza de buena salud.

Anders Behring Breivik, de 37 años, dispone de un espacio de 30 metros cuadrados compuesto por tres celdas en la prisión de Skien, donde se celebró el juicio. Tiene un ordenador, sin acceso a Internet, una videoconsola, televisión, libros, periódicos y aparatos de gimnasia para que realice actividades físicas. No puede relacionarse con otros presos por su propia seguridad, aunque sí mantiene contactos con los guardias de prisión con los juega al backgammon y ve regularmente a un sacerdote. Según se ha conocido en el juicio, rechazó ser visitado por la Cruz Roja y, a pesar de que muchos periodistas han solicitado entrevistas, ha puesto tantas condiciones que, finalmente, no se han llevado a cabo. «Calificar el trato al que está sometido Breivik como una violación de los derechos humanos es hacer un flaco favor a los derechos humanos», dijo Sejersted.

Breivik: «Soy mucho más radical»

Por su parte, el abogado de Breivik, Øystein Storrvik, cerró sus alegaciones preguntando al tribunal si de verdad consideraba que la salud mental del extremista era buena. Para la defensa, las condiciones de aislamiento están dañando seriamente el estado psicológico de Breivik y una de las pruebas es la falta de arrepentimiento sobre sus crímenes. «Para mí, como abogado, no se puede considerar que tiene buena salud, tal como está definida en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos», explicó Storrvik.

Breivik, que apareció en el juicio vestido con traje oscuro y corbata, aprovechó su intervención para explicar que su aislamiento y la falta de contacto con otros presos le han radicalizado todavía más. «Soy mucho más radical. Era radical antes, pero estos cinco años pasados aun me han radicalizado más».

En julio de 2011, Anders Breivik, colocó una bomba en un edificio del gobierno en Oslo, que costó la vida a ocho personas. Horas después, disfrazado de policía, asesinó a 69 personas, en su mayoría jóvenes del partido Laborista que se encontraban en un campamento en la isla de Utøya. Fue condenado a 21 años de cárcel que se prorrogarán mientras sea considerado un peligro.

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