Víctimas del terrorismo enseñan a estudiantes memoria y respeto

La clase de 4º de la ESO es hoy muy especial. La rutina cotidiana se rompe con la llegada de Conchita Martín, víctima del terrorismo -viuda del primer asesinado tras la primera tregua de ETA, el teniente coronel Pedro Antonio Blanco-, que se encarga de dar una clase magistral. No de Física, Matemáticas o Lengua, sino de respeto, tolerancia y memoria.

Forma parte del nuevo programa que ha puesto en marcha el Ministerio del Interior en este curso escolar: que víctimas del terrorismo les cuenten a los alumnos de 15 años lo que les ocurrió. «Las víctimas consideran fundamental la memoria, que las futuras generaciones no olviden», explica Sonia Ramos, directora general de apoyo a las víctimas, del Ministerio del Interior.

Enseñar las consecuencias

La normativa actual ya incluye la obligación de introducir en el currículum escolar la educación para la defensa de la libertad y la paz. Después de un año largo de trabajo, Interior ha puesto en marcha en este curso académico el programa específico en este sentido, que incluye por una parte el desarrollo en el currículum escolar de los valores de tolerancia y el papel de las víctimas; y por otro, el testimonio directo de éstas en los colegios. «Se trata de mostrarles cuál es la consecuencia de la acción terrorista», señala Ramos.

El programa ha comenzado a aplicarse en 53 colegios madrileños, y la idea es extenderlo por toda España. Comenzando, según los planes de Interior, por La Rioja, Murcia y Castilla y León. «Se destina a alumnos de como mínimo 15 años, de ESO, Bachillerato o Formación Profesional», señala la directora general de apoyo a las víctimas. En el caso madrileño, en noviembre comenzaron las charlas. El resultado es extraordinario. «Se consigue mucha empatía con las víctimas», asegura Sonia Ramos.

Contenidos curriculares

Los alumnos, cuando llegan al aula, no son absolutamente ajenos a la historia que les van a contar. De hecho, en 4º de la ESO, la asignatura de Historia de España ya incluye contenidos sobre movimientos terroristas, pacifistas, de asociaciones de víctimas y movimientos cívicos, explican en Interior. Una vez situados los alumnos en ese contexto, llega la charla con un testigo directo. «Los estudiantes completan un cuestionario previo a la charla, sobre la materia, y otro al finalizar esta, para ver su evolución», señala Ramos.

Las víctimas participan de forma voluntaria en este programa. Algunas ya tenían experiencia previa, por actividades similares que organizaban las propias asociaciones; otros prefieren recibir formación sobre oratoria y gestión de emociones antes de enfrentarse a la clase. «Los chavales prestan toda su atención a la charla; no pierden detalle de lo que les cuentan», explica Conchita Martín, víctima y una habitual de este programa. «La atención es extrema, y cuando acabo, llega el momento de las preguntas».

Al principio, reconoce, con cierta timidez, pero enseguida «comienzan a animarse y la curiosidad y las ganas de saber cómo sales adelante vence a cualquier otro sentimiento», rememora Conchita. Para ellos es «algo nuevo eso de encontrarse con alguien que ha vivido una situación tan distinta, tan poco habitual». Por eso intentan «sacar todo el jugo: quieren saber cómo supera la víctima ese dolor infinito que lleva dentro».

Lo mejor es que «los niños se dirigen a nosotros con absoluta sinceridad, sin ninguna cortapisa». Su actitud es menos reflexiva que la de un alumno: «Con la virulencia propia de su edad, eso del perdón no lo ven; dicen: ?si a mí me ocurriera?...», relata. Por eso, «procuro controlar esa respuesta: que aprendan a tolerar».

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