Una pequeña sociedad secreta
Sorprendente exposición esta, un poco a contrapelo de todas las corrientes comisariales imperantes en nuestra escena, frente a las que[…]
Sorprendente exposición esta, un poco a contrapelo de todas las corrientes comisariales imperantes en nuestra escena, frente a las que se posiciona más por lo que defiende y afirma que por negarlas de plano o contradecirlas. Aquí no encontraremos nada de sociología o antropología al uso; nada de las urgencias políticas, sociales o económicas. Ni rastro tampoco del archivo o del mapeado de territorios. Imperiosamente subjetiva, metodológicamente heterodoxa, «Las formas del alma» es una propuesta organizada por Susana de Blas a partir de un intenso ?y a veces doloroso? diálogo que como comisaria estableció con un grupo de artistas que siempre la han fascinado, o con los que ha establecido lazos emocionales, intelectuales o biográficos. Con ellos ha departido sobre aspectos tan inactuales y atemporales como la dimensión espiritual de su trabajo, el origen de la inspiración o las intuiciones que los guían.
El arranque de todo fue una exposición hace un par de años, con Santa Teresa como telón de fondo, en la Sala Juana Francés de Zaragoza, la titulada «El bosque interior (las formas del alma)». Ahora, en la revisión ampliada, los artistas se repiten: Chechu Álava, María Bueno, Soledad Córdoba, Antonio Fernández Alvira, Santiago Lara, Mireya Martín Larumbe, Vicky Méndiz, Paula Noya, Mapi Rivera, José Luis Serzo, SuSo33, Marina Vargas y Juan Zamora, a los que suma Yolanda Tabanera, quien aporta alguna de las obras más potentes del conjunto, realmente deslumbrantes.
La muestra reúne a artistas poco recurrentes en las listas habituales, alguno incluso minoritario, cuyos trabajos giran en torno a la narración y la fábula, al simbolismo o la alegoría. Sospecho que lo de que en su mayoría sean obras de perfil figurativo no es aquí lo determinante, aunque lo pueda parecer. Pero el conjunto reúne de manera inesperada en la bienvenida de Juan Manuel Bonet a la nueva dirección del Instituto Cervantes casi una actualización de muchas de las líneas que él mismo podría haber defendido como crítico.
La comisaria ha trabajado en niveles: la «espiritualidad cotidiana» (luz, quietud, poesía del instante); los rituales de iniciación (oscuridad, acción, volver a nacer); y las visiones oníricas (sueños, espirales, fabulaciones), buscando generar una experiencia emocional que se imponga a las respuestas intelectualizadas. Esta suerte de inefabilidad es el recorrido vertebrador de la exposición. La ascesis que dota de comunión al grupo se logra en cada caso de manera diferente: hay contención, pero también despilfarro; gravedad y humor grotesco; glorificación de la ruina, auténticas vánitas o celebración enloquecida de la vida?
Yo destacaría las propuestas, organizadas por pares de contrarios, de Zamora y Vargas, de Chechu Álava y Serzo, de Lara y Fernández Alvira, quienes, junto a sus compañeros, componen esta fascinante sociedad secreta espiritual.
