Un irlandés católico que lucha contra la pena de muerte en Indonesia

Apenas pasan unos minutos de las doce de las noche del 29 de abril de 2015 y en la isla de Nusakambangan, al sur de Indonesia, el olor a pólvora comienza a diluirse en el aire. A Myuran Sukumaran y Andrew Chan, sin embargo, su pituitaria no les permite registrar el creciente cambio en el ambiente.

Estos ciudadanos australianos acaban de ser ejecutados junto con otros seis reos.

Sukumaran y Chan habían sido detenidos una década antes por contrabando de heroína. Su grupo delictivo, que pretendía sacar 8,3 kilogramos del país con destino a Australia, sería conocido como «Los nueve de Bali». Aunque de su organización, tan solo Sukumaran y Chan terminarían sus días frente a un pelotón de fusilamiento.

Pocos como Charlie Burrows (de 73 años) conocen el caso. De hecho, este párroco irlandés sería el consejero espiritual de ambos australianos en el fin de sus días. «Ellos eran quienes lideraban los cánticos y mantenían los ánimos», rememora a ABC Burrows, sobre el último encuentro entre los prisioneros y sus familiares.

En su papel de guía religioso, Burrows -quien en 1973 se asentó en Indonesia- ha sido testigo y máxima voz crítica contra este particular ajusticiamiento llevado a cabo en el país asiático. Una práctica que pronto regresará: en los próximos días, el Gobierno de Yakarta ejecutará a 15 reclusos condenados por delitos de drogas, entre ellos diez extranjeros. El año pasado fueron 14 los fusilados. El pelotón encargado de realizar los disparos ya se entrena para este cometido.

«El 80% de los indonesios están a favor de la pena de muerte. Este es el problema», destaca a este diario Burrows, quien denuncia la relación entre la lucha contra la drogadicción emprendida por el Gobierno y las ejecuciones. Desde su llegada al poder en 2014, el presidente indonesio, Jokowi «Joko» Widodo, se ha mostrado intransigente con el narcotráfico. Según el Ejecutivo, cada día pierden la vida medio centenar de indonesios, en su mayoría jóvenes, por consumo de drogas. Y el Estado asegura que Indonesia cuenta con 4,2 millones de drogadictos. Un reciente artículo en la revista médica británica The Lancet, no obstante, mostraba serias dudas sobre la validez de estas estimaciones: los detalles de estos estudios no son accesibles al público, así como los métodos de recogida de datos parecen ser inadecuados.

«Todo se centra en que las ejecuciones de los traficantes de droga solventarán el problema. Y eso es ridículo», destaca Burrow en alusión a otras circunstancias para este consumo masivo, como el desempleo entre la población juvenil. En la actualidad, cerca de 121 prisioneros se encuentran en el corredor de la muerte en Indonesia.

Burrows recuerda especialmente la ejecución de dos nigerianos -Samuel Okoye y Hansen Anthony- en el penal de Nusakambangan en 2008. «Tardaron entre 7 y 8 minutos en morir y estuvieron en agonía durante todo este tiempo», denuncia el párroco. Posteriormente, Burrows daría testimonio ante la Corte Constitucional para frenar los escuadrones de fusilamiento.

Secuelas

«La defensa de Amrozi (uno de los implicados en los ataques terroristas de Bali en 2002) me pidió ejercer como testigo sobre cómo la muerte frente a un pelotón implica tortura. De ocho jueces, siete lo rechazaron y uno estuvo de acuerdo», asegura. Tras este revés, vendrían otras muertes. A cada cual más polémica. Como la del brasileño Rodrigo Gularte, ejecutado también el pasado año y quien fue diagnosticado de esquizofrenia y paranoia. O Marco Archer, cuya salud mental deja también serias dudas legales sobre su ajusticiamiento.

Para Burrow, si estas muertes y, sobre todo, su dramática realidad visual, se emitieran en televisión, un mayor número de indonesios se mostrarían en contra. Aquí, el misionero realiza un paralelismo entre el trastorno de estrés postraumático de muchos soldados al regresar del frente y las secuelas psicológicas de aquellos participantes en las defunciones. «Parece que mucha gente aquí, como los fiscales o tiradores, tienen los mismos poblemas después de las ejecuciones», asevera. «(Las palabras) ?esta noche estarás conmigo en el paraíso? tienen un significado más fuerte ahora que antes», se sincera el irlandés sobre cómo le ha cambiado personalmente estos años de lucha contra la pena de muerte.

En el penal de Nusakambangan, mientras, los minutos caminan en búsqueda de la próxima víctima. Aunque Burrows seguirá combatiendo por la vida.

Más información

Ni este artículo, ni sus datos, ni su contenido multimedia o relacionado constituyen recomendación alguna o estrategia de inversión. Inversor Ediciones, SLU (incluyendo a sus profesionales, colaboradores y proveedores) declina cualquier responsabilidad relacionada con el uso que usted dé a los contenidos publicados por finanzas.com y/o la revista INVERSIÓN.