Trump promete una rebaja masiva de impuestos para seducir a los votantes

Donald Trump compareció este lunes en Detroit (Michigan) para presentar los planes económicos de su candidatura e hizo lo que su equipo y buena parte del Partido Republicano le han pedido en los últimos días: no perderse en polémicas y salidas de tono y centrarse en atacar al verdadero enemigo, Hillary Clinton. Trump fue disciplinado por una vez y leyó su discurso sin salirse del renglón. Hasta en once ocasiones, se escucharon gritos de protestas, que fueron silenciados por ovaciones al candidato. Pero Trump se contuvo y no respondió a las provocaciones. Fue una intervención encajonada, mucho menos fresca y dinámica que cuando habla sin guión, pero sirvió para transmitir el mensaje central: una presidencia de Clinton sería un desastre económico para EE.UU., mientras que sus planes pondrán «al pueblo estadounidense siempre primero» y recuperarán los empleos y el crecimiento.

El candidato intentó relanzar su campaña, tras semanas de polémicas, con la presentación de un plan económico que promete «la mayor revolución fiscal» desde la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) y abogó por reducir las regulaciones federales.

En concreto, Trump citó como principales medidas la eliminación del impuesto de sucesiones, la reducción de la tasa a las empresas estadounidenses al 15 % desde el actual 35 %, y la desgravación de los gastos por el cuidado de hijos. Rebajaría y simplificaría también el impuesto individual de ingreso. De los siete rangos actuales, se pasaría a solo tres: 12%, 25% y 33%.

Fue un discurso hinchado de populismo y falto de concreción. «Coches estadounidenses viajarán en nuestras carreteras, aviones estadounidenses conectarán nuestras ciudades y barcos estadounidenses patrullarán nuestros mares. El acero estadounidense levantará nuevos rascacielos», prometió el magnate, que añadió que «serán trabajadores estadounidenses quienes se contraten. El americanismo, y no el globalismo, será nuestro credo», dijo en la recta final de su intervención.

Antes, había explicado cómo el abandono de la idea de que «EE.UU. es lo primero» es lo que ha causado el deterioro de las condiciones de vida de la clase media, con un aluvión de datos de la caída de la industria manufacturera en Detroit y todo Michigan, uno de los «estados bisagra» que inclinarán la balanza en las elecciones de noviembre.

Enemigos de Estados Unidos

Los males de la clase media, según Trump, tienen que ver con las políticas que defiende Clinton: «Ella apoya impuestos altos y la regulación que han eliminado los empleos de vuestra comunidad, y las políticas de criminalidad por las que habéis perdido seguridad, y las políticas de inmigración que han asfixiado los presupuestos locales, y los acuerdos comerciales, como el Nafta, firmado por su marido, que han enviado vuestros trabajos a México y a otros países».

«Una potencia extranjera que quisiera debilitar a EE.UU. no lo haría mejor que la agenda económica de Hillary Clinton», se mofó Trump, comprometido a que «el empleo y la riqueza se queden en EE.UU».

Trump hizo sangre en un desliz de la semana pasada de Clinton en un mitin. «Dijo la verdad por accidente y aseguró que quería subir los impuestos a la clase media», recordó. En oposición, el candidato republicano prometió «una reducción de impuestos a todos los niveles, en especial para los estadounidenses con ingresos medios». También habló de simplificar el código fiscal, reducir los tramos impositivos de siete a tres y situar el límite para el impuesto de Sociedades en el 15%.

Trump también prometió acabar con la regulación económica masiva que vive EE.UU. y, sobre todo, luchar contra los acuerdos comerciales como NAFTA o el TransPacífico (TPP), que está cerca de firmarse. Contra lo que ha afirmado la candidata, Trump aseguró que Clinton «nunca se opondrá al TPP. Está comprada, controlada y pagada por sus donantes e intereses especiales».

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