«Todavía hay quien sangra y muere por la guerra de Vietnam»
La guerra de Vietnam terminó el 30 de abril de 1975. Hace ahora 41 años y 22 días que Vietnam[…]
La guerra de Vietnam terminó el 30 de abril de 1975. Hace ahora 41 años y 22 días que Vietnam del Sur capituló y se puso fin a un conflicto que había durado dos décadas, en el que perdieron la vida un millón y medio de combatientes y dos y medio de civiles. Lo que se desconoce es que, a día de hoy, siguen muriendo personas, a consecuencia de una guerra que, para ellos, aún no ha terminado. En Laos, donde la CIA desarrolló una operación secreta, una pequeña comunidad étnica, los hmong, resisten fusil en mano la amenaza del ejército laosiano. Los persiguen para acabar con una comunidad minoritaria amenazada por representar todavía hoy el último reducto de occidente. Su ejército, en los años 70 llegó a tener 50.000 miembros; en los 90 ya eran 10.000; ahora apenas llegan a dos centenas.
Para dar cuenta de su situación, los periodistas David Beriain y Fernando Ureña estrenan este martes en Discovery Max un largometraje «El ejército perdido de la CIA», en sus palabras, «con una historia de esas que asustan». Y no porque para realizarlo hayan puesto en peligro su vida, sino por su magnitud. El contexto de esta historia es que, durante la guerra de Vietnam, se produjo una guerra paralela en Laos, que en principio se había declarado neutral. Vietnam del Norte utilizaba el territorio laosiano para abastecer logísticamente al Vietcong a través de la ruta Ho Chi Minh. La CIA vio en los hmong la oportunidad de frenar el avance del comunismo y reclutó para ello a miles. Fue la mayor operación clandestina de la historia de la CIA. Laos se convirtió en el país más bombardeado de la historia por habitante; allí cayeron más bombas que en Alemania y en Japón juntas durante la Segunda Guerra Mundial.
El ejército hmong llegó a tener 50.000 miembros en los 70; pero en los 90 ya eran 10.000. Ahora apenas sobreviven 200
«El ejército clandestino de los hmong tenía tres misiones principales: detener el avance del ejército de Vietnam del Norte sobre el territorio laosiano, rescatar a pilotos americanos caídos y hostigar la ruta de suministro de Ho Chi Minh», comenta a ABC Beriain. Este periodista que ha cubierto conflictos de todo tipo (con armas, drogas, mafias y demás peligros de por medio), aún sigue emocionándose al encontrarse, en mitad de la selva, con un grupo de niños que llevan colgado un kalashnikov. «Espero seguir así, emocionándome, porque si ya no te sorprendes, si ya no sientes nada, empieza a perder sentido el ir a estos sitios». En la película, Beriain rompe a llorar cuando, tras una dura subida hasta donde se encuentra el campamento, se cruza con los niños de la tribu que han bajado a recibirles a pesar de lo complicado del camino. «Hay historias que te pegan más, otras que te pegan menos. Quizás allí fue el ver a esos niños», dice. «Me había pasado ya en Colombia, que una historia con niños casi acaba conmigo».
El poder de la imagen
Ese encuentro fue «el primero con esa realidad, ese mundo perdido, esa ventana de tiempo, ese decir: ?Hemos llegado aquí, hemos tenido el privilegio y la responsabilidad que ello conlleva?». Si algo les preocupa a los directores es hacer justicia de la historia que hay detrás, la que tanto tiempo de trabajo les ha ocupado. «Es una historia grande, de esas que te encuentras solamente una vez en la vida, y solo cuando nos juntamos unos cuantos sabíamos que era el momento adecuado». Muy pocos periodistas han podido llegar y acercarse a estos descendientes de los hmong que decidieron luchar junto a la CIA. Algunos de ellos fueron capturados mientras lo intentaban y enviados a campos de trabajo forzoso durante quince años. «Periodísticamente se había dado la noticia de que estaban allí, pero nunca se había hecho una historia larga que tratase de profundizar en la experiencia de lo que había allí. Lo poco que había previo, te alumbraba, pero esta historia necesitaba una producción más grande, que buscase su camino hasta llegar allí, para ponerlo en valor», comenta Beriain.
«Miedo por lo que estás viendo y te preguntas ?¿y ahora cómo cojones hago yo para contar esta historia? ¿Cómo evito que mi propia mediocridad interfiera en esto tan grande, que no lo estropee??»David Beriain
«Éramos conscientes de lo que nos estaban contando, del proceso de exterminio que se está produciendo allí, y todo nos indicaba que cada vez eran menos personas. La situación real, la de ahora, no sabíamos cuál era, pero sabíamos que era muy mala y cabía la posibilidad de que si no íbamos ya, no tuviera sentido ir nunca más», dice Ureña. Por ello, se embarcaron en esta aventura con tan solo una pregunta en mente: «¿quedará alguien allí?». Luego, confiesa que han ido notando cómo hay algo «que hace la historia intemporal, universal, que trascienda? Esta es la historia que hemos hecho que más cuerpo de historia tiene, y queríamos que se percibiese lo que tiene de especial», y de ahí que decidieran lanzarla en formato película, con sus 110 minutos, lejos de los 45 del estándar de su programa en Discovery, y estrenarla en cines (tres días de proyección en la Cineteca de Matadero, en Madrid).
¿Tendría sentido este trabajo en otro formato? «No. Nosotros practicamos un tipo de periodismo, el de inmersión, que tienes que verlo porque te da un tipo de información que no está en los datos, que se maximiza», comenta Beriain. A lo que Ureña añade: «Alguna de esas imágenes que trajeron tienen tanta fuerza que no se podrían describir. A mí me viene a la cabeza constantemente la imagen de esa niña que tiene un tiro en la pierna, porque, ¿cómo puedes pegar un tiro a una niña con cinco o seis años? Es que eso va más allá de las ideologías». «Aunque sí, en esta historia hay un libro. Si tuviéramos