Sobran instituciones, si sólo actuamos al borde del abismo
La crisis del banco Popular ha puesto en evidencia que estamos todavía muy lejos de controlar los riesgos de las[…]
La crisis del banco Popular ha puesto en
evidencia que estamos todavía muy lejos de controlar los riesgos de las
entidades financieras y, en la misma medida, de evitar que sus accionistas
pierdan todo el patrimonio colocado en ellas. Fue hace cinco años cuando la
auditora Oliver Wyman, por encargo del Banco de España, llevó a cabo un
detallado estudio sobre la situación de los bancos españoles y advirtió que el
Popular se encontraba en una situación arriesgada. Un nuevo test, realizado dos
años después, confirmó aquellas dificultades, pese a lo cual se permitió que el
banco actuara hasta esta última semana como si se tratara de la entidad más
solvente, captando ahorro de los inversores para hacer ampliaciones de capital,
retribuyendo e indemnizando a sus máximos responsables con cantidades
multimillonarias.... Y eso que desde el 4 de noviembre de 2014 estaba en
funcionamiento el Mecanismo Único de Supervisión para el sector financiero
europeo.
Sin embargo, sólo hace una semana (exactamente el 2 de junio) el Banco
Central Europeo, a través de la Junta Única de Resolución, decidió encargar un
estrecho seguimiento de la liquidez y viabilidad del Popular. ¿Para qué
sirvieron tantos test de estrés? ¿Para qué el Mecanismo Único de Supervisión? A
uno sólo se le ocurre una respuesta: para dar apariencia de normalidad y
tranquilizar a los incautos ahorradores e inversores que en algún momento
pensaron comprar acciones o suscribir bonos del Popular. Un banco no quiebra de
la noche a la mañana.