«Okupa» en Palacio

No quiero apuntarme el tanto ni alardear, pero me parece que fui de los primeros en decir que Sánchez no era el presidente del Gobierno sino el «okupa» de La Moncloa, por una triste carambola del destino y sin pasar por las urnas, con la colaboración de los pocos arrestos de Rajoy. Y si alguien lo dijo antes, retiro lo dicho y me encantaría poder citar la autoría del hallazgo, en caso de que no fuese servidor el primero en cruzar la línea de meta de llamar a las cosas por su nombre y por su lamentable función a los que pactan con los que quieren destruir a España con tal de poder andar que voy y que vengo en helicópteros y aviones oficiales, a merced de Podemos. La gente, que no es tonta, la famosa «gente» que tanto mentaba antes Podemos y que cada vez cita menos conforme el «okupa» de La Moncloa los ha hecho virtuales vicepresidentes del Gobierno; la gente, decía, le coreaba lo de «okupa» como el más sonoro de los piropos cuando echó pie a tierra en La Castellana para asistir al desfile militar (sí, he dicho «militar», ¿passssa algo?) de la Fiesta Nacional. Por ahí empezó a extrañarme la cosa: que el «okupa» de La Moncloa llegara a la tribuna de autoridades en coche (oficial, naturalmente) y no en un helicóptero con lo de «Reino de España» o «Fuerza Aérea Española» pintado en su fuselaje, que hubiera sido lo suyo. Presumió luego de que al llegar al desfile lo habían abucheado como a González y a Zapatero, ¿será por presumir? Pero a ninguno de sus dos antecesores les dijeron a gritos su condición de «okupa», ni mucho menos le reclamaron que convocara elecciones, porque las habían ganado, y González por histórica mayoría absoluta.

Como el gas, el «okupa» en general y el nuestro en particular trata siempre de expandirse y de llenar cualquier vacío. Así le ocurrió al nuestro, un ser peligroso y destructor de España, pero que, quieras o no, es nuestro «okupa» y esto es lo hay, Garibay. Ocurrió que no satisfecho con ocupar La Moncloa, quiso hacerlo en el Palacio Real. No fue un fallo de protocolo, como dicen. Ni error o equivocación. Aprovechando el besamanos de Sus Majestades en la recepción de Palacio, igual que el Parlamento autonómico catalán reprobó al Rey, el «okupa» llegó a más, y quiso probar a ser Rey: experimentar cómo se siente uno de Rey. Me recordó cuando en la preparación del acto de proclamación de Don Juan Carlos como Rey por las entonces Cortes Españolas, estaba allí puesta la simbólica Corona de España y un procurador en Cortes, creo que Ezequiel Puig Maestro-Amado, ni corto ni perezoso se acercó al símbolo de la Institución Monárquica, lo cogió y fue y se puso la Corona. Con tela de guasa, cuando se la quitó le preguntaron sus compañeros de Cortes qué tal le había resultado. Y el que osó bromear con tan histórico y respetable símbolo respondió:

-Pues que yo que he salido en la Cabalgata de Madrid sé que la corona de Rey Mago pesa más.

Cuando Sánchez y señora se hicieron los remolones y se quedaron junto a Sus Majestades para hacer una probadita de Reyes por un día, hasta hubo quien picó. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, picó, vamos si picó. Le pegó un saludazo al «okupa» de Palacio jugando a ser Rey como las pinturas de Tiépolo que decoran los techos del salón del Trono. Y porque la triste escena duró poco; si no este, harto de estrechar manos, va y se sienta en el Trono para descansar un ratito. ¡Vamos que si se sienta! Así que mi felicitación al Servicio de Protocolo de la Casa del Rey, al señor atentísimo y resuelto que llegó y, como un acomodador de una plaza de toros a un colado o con entrada sin asiento, dijo al «okupa»:

-Haga el favor de dejar esta localidad libre, que su entrada es de andanada de sol.

Y con mucho estilito, a punta de capote se los llevó del lado de Sus Majestades. ¡El «okupa» se quería colar de Rey!

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