Maternidad y pensiones

Han sido varias las voces -también desde esta misma columna- que vienen advirtiendo del grave riesgo que va a suponer[…]

Han sido varias las voces -también desde esta misma columna- que vienen advirtiendo del grave riesgo que va a suponer para toda Europa el envejecimiento de su población. Un hecho que hará insostenible el gasto en pensiones en las próximas décadas. En 2060 la esperanza de vida al nacer para los hombres se estima en 7,9 años más que en 2010, y para la mujer en 6,5 años más. Como consecuencia de este aumento de la longevidad, se espera que el ratio de dependencia (población de más de 65 años respecto a la población de entre 15 y 64 años) se incremente desde el 26 por ciento de 2010 hasta el 50 por ciento en 2050. En definitiva, un muy reducido número de personas en edad laboral va a tener que sostener con sus cotizaciones las pensiones de un ejército de jubilados. 

Esto es lo que subyace detrás de todas las reformas que se han acometido en los sistemas públicos de pensiones de media Europa. Y aunque muchas de ellas eran completamente necesarias, erraríamos el análisis si pensáramos que atacando el problema desde un único flanco vamos a mitigar el tsunami que se nos avecina. 

En España no nacen niños. El polémico cheque bebé de José Luis Rodríguez Zapatero y la reciente propuesta de Mariano Rajoy de 3.000 euros por nacimiento para mujeres sin recursos iban encaminados a hacer atractivo el embarazo, como si todas las mujeres, de repente y de forma colectiva, hubiéramos dejado de desear tener descendencia. No es así. La cuestión es que la maternidad exige un peaje a las mujeres -que no a los hombres- tremendamente alto, como acaba de poner de manifiesto un estudio del Instituto de Política Familiar, que concluye que el 18 por ciento de las mujeres trabajadoras ha recibido presiones por parte de la empresa al quedarse en estado. Una de cada cuatro (de entre 18 y 25 años) incluso recibió la carta de despido poco después.

Los incentivos que tienen las mujeres para no tener hijos son numerosos. Según los datos de la EPA del tercer trimestre de 2015, la tasa de paro de las mujeres entre 25 y 54 años era de más el 21 por ciento, y entre las menores de 20 años, de casi el 67 por ciento. A todo ello, hay que sumar la precariedad de las condiciones de muchas de ellas: una de cada cuatro mujeres trabajadoras lo hace a tiempo parcial. 

En la mayoría de los casos, la decisión de tener descendencia viene determinada por la seguridad laboral de los progenitores. La prueba de ello es que la edad de la maternidad se ha ido retrasando conforme lo ha ido haciendo la edad en la que las mujeres adquirían cierta estabilidad laboral. Y tanto se ha retrasado que España es uno de los países europeos con la edad media de maternidad más alta, en torno a los 32 años. Pero es que casi un 30 por ciento los tiene entre los 37 y los 40 años. Según datos del INE, en 1976 las españolas tenían su primer hijo a los 28,5 años.

Finalmente, la naturaleza hace el resto, porque el retraso de la edad de maternidad lleva inexorablemente a reducir el número de hijos que se tienen. Eso es precisamente lo que obligó hace unos años a la Administración a reconsiderar el concepto de familia numerosa.

En definitiva, y sobre lo que es importante llamar la atención, es sobre la influencia del mercado laboral en el sistema de pensiones. Un empleo poco estable y de bajos salarios difícilmente va a ser capaz de generar las cotizaciones necesarias para aspirar a un nivel de pensiones óptimo. Y este aspecto también hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos del futuro de las pensiones.

Desde el pasado 1 enero está en vigor el nuevo complemento a las pensiones de las mujeres trabajadoras con hijos. En palabras del Ejecutivo, este nuevo complemento por maternidad en las pensiones contributivas de la Seguridad Social tiene como objetivo «reconocer, mediante una prestación social pública, la contribución demográfica al sistema de Seguridad Social de las mujeres trabajadoras que han compatibilizado su carrera laboral con la maternidad». No cabe duda de que es un paso hacia adelante muy importante. Ahora de lo que hay que asegurarse es de que se incorporen pronto al mercado laboral, generen unas cotizaciones adecuadas y, sobre todo, que no se las expulse por ser madres.

* Olga Sánchez, directora de Vida, Salud y Accidentes de AXA

En portada

Noticias de 

Si esta noticia ha sido útil para ti,
apúntate a nuestros boletines
¡No te decepcionaremos!

También en nuestro canal de Whatsapp