Marco Rubio y Ted Cruz ponen contra las cuerdas a Trump en el debate

Donald Trump, el imparable, el hasta ahora indiscutible líder de la carrera republicana, recibió el mayor castigo dialéctico desde que se iniciaran los debates electorales. En el cuerpo a cuerpo más exigente de la campaña, como correspondía al momento crítico en que se encuentra, Marco Rubio y Ted Cruz, los dos grandes rivales, atacaron una y otra vez al magnate, en un intento de cambiar el curso del proceso de primarias. Llegó a parecer por momentos que los dos senadores de origen hispano habían pactado una estrategia conjunta. Y Trump perdió el debate. Otra cosa es lo que pueda afectar al voto de los militantes republicanos, que el próximo martes tienen cita nada menos que en doce estados.

Los momentos más difíciles para el millonario vinieron cuando Rubio reprochó a Trump haber contratado a inmigrantes ilegales, con los que «construirías tu muro (en la frontera con México)», y cuando, de manera reiterada, reclamó ante la audiencia al magnate que concretara cuál es su plan de cobertura sanitaria (healthcare), instantes en los que Trump titubeó de manera significativa. Pese a la insistencia de Rubio, reforzada después por la de Cruz, nadie logró saber cuál es la propuesta que ofrece el líder de la carrera para reemplazar al criticado plan puesto en marcha por el presidente Obama (Obamacare).

Donald Trump no olvidará fácilmente el debate celebrado en Houston, Texas, uno de los estados en que la militancia republicana está llamada a votar el Supermartes, el próximo 1 de marzo. Por primera vez, el magnate perdió su habitual seguridad fanfarrona y retadora. Por momentos, el acoso hizo mella en él. Con la boca seca, recurriendo de manera continua al vaso de agua? La ofensiva, que le llegaba sin descanso, de izquierda y derecha, de Rubio a Cruz y de Cruz a Rubio, le llevó en un momento dado a estallar casi suplicando a uno de los moderadores, cuando se dirigió a él para hacerle una pregunta: «¿Pero otra vez a mí? ¿No hay nadie más en este debate?». Una manifiesta pérdida de serenidad que mostró al Trump más débil.

El debate republicano mostró al Rubio más espontáneo, frente al repetitivo y poco natural que había desenmascarado Chris Christie en New Hampshire, y por el que se le ha llegado a conocer en las redes sociales como «Robot Rubio». Un sobrenombre que contrarrestó en la mejor de sus actuaciones, casualmente cuando el hispano renunció por primera vez durante el día a repasar frases y contenidos, con el fin de ganar en improvisación.

Desde el otro lado del escenario, a la izquierda de Trump, Ted Cruz fue también muy incisivo, en particular cuando echó en cara al neoyorquino su apoyo económico a todos los presidentes demócratas, y también a Hillary Clinton, en un intento, también compartido con Rubio, de hacer ver a la audiencia que Trump «no es un verdadero conservador». La otra gran crítica de Cruz se centró en el respaldo del magnate al llamado Planned Parenthood (centros de planificación familiar), muy criticado por los republicanos por facilitar el aborto incontrolado desde sus clínicas. En este caso, Trump reconoció su respaldo, y llamó la atención sobre «las millones de mujeres que se benefician de estos centros» de ayuda pública.

Tampoco fue un momento dulce para el millonario la invitación de sus rivales a mostrar su declaración de impuestos, polémica ya por las continuas reticencias de Trump a hacerla pública. El reproche sucedía al comentario realizado hace dos días por el que fuera nominado republicano en 2012, Mitt Romney, quien había anunciado un «bombazo» con la declaración fiscal del magnate. Ayer, mientras éste devolvía las críticas a Romney durante el debate calificando su fracasada campaña presidencial contra Obama de «desastrosa», el exnominado replicaba en Twitter insistiendo en el «bombazo que va a suponer su publicación». Trump se escudó anoche en que antes de hacerla pública, «está siendo auditada», pero el hecho es que cuando ya se han disputado cuatro estados se sigue a la espera. El hispano Marco Rubio anunció que la dará a conocer este sábado.

Cuando los moderadores preguntaron sobre el programa de política internacional de los candidatos, el ataque «hispano» contra Trump se centró en su «neutralidad» entre israelíes y palestinos, que fue contestada por Rubio y Cruz con un compromiso firme de apoyar a Israel.

Junto con Rubio, el gobernador de Ohio, John Kasich, fue otro de los destacados de la noche. Con un discurso sensato y atinado en casi todas las materias, aunque con más agresividad dialéctica que en anteriores debates, logró arrancar también muchos aplausos entre el público tejano. Y, por momentos, alcanzó verdadero protagonismo, en un debate acaparado por los encontronazos entre los tres que encabezan la carrera republicana.

Tal fue en algunos momentos el continuo cruce de rifirrafes entre ellos, con continuas réplicas por alusiones, que el neurocirujano retirado Ben Carson, casi siempre convidado de piedra, aunque muchas veces de forma voluntaria, llegó a clamar esta vez: «¿Puede alguien atacarme?».










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