Madrid rechaza las votaciones ciudadanas: «Son una chorrada»

La consulta ciudadana impulsada por el Gobierno de Manuela Carmena pasó sin pena ni gloria en el primer día de participación presencial. Con la vía postal en entredicho ante la posibilidad abierta de que entre las 130.000 papeletas enviadas pudiera haber fraudes de ususrpación de identidad, llegó el turno del voto telemático y del efectuado en las urnas repartidas por distintos enclaves de la ciudad. Hasta el próximo viernes, un total de 60 «mesas electorales» estarán repartidas en centros municipales y Juntas de Distrito, mientras que sábado y domingo se ampliarán a cerca de 80, algunas de las cuáles podrán colocarse en la vía pública.

Diferentes opciones que, sin embargo, no lograron el arranque deseado en el seno de Ahora Madrid. Poco después de las 11 de la mañana, la propia alcaldesa y el delegado de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto, Pablo Soto, depositaron su voto en el patio de cristal del Palacio de Cibeles. Bajo un tímido revuelo mediático, ambos mostraron su satisfacción por «abrir el camino a que la ciudadanía tome la palabra».

Pero ayer, las conversaciones en el idioma de Cervantes no abundaban precisamente en los puntos de votación. En uno de los centros del parque del Retiro, apenas un puñado de sobres yacían dentro de las urnas que el Ayuntamiento ha comprado para la ocasión. Pese a que el concejal Soto justificó esta y otras adquisiciones como banderolas o pancartas, asegurando que no recogen fechas concretas para poder ser reutilizadas, el gasto municipal -180.000 euros en el ensobrado y las papeletas o 17.000 en las propias urnas- fue una de las principales críticas señaladas.

«El coste me parece un horror. Los ciudadanos no tienen por qué votar unos proyectos que en caso de salir mal, solo servirán para que los impulsores puedan excusarse y digan que la decisión no fue suya», aseguraba Mari Paz, convencida de la artimaña. En la misma línea se mostró María, una profesora ya jubilada que iba un paso más allá. «Es un desembolso absurdo porque estas cuestiones deberían ser decididas por expertos», advertía, al tiempo que dejaba su particular recomendación: «Pero no valen unos expertos cualquiera. Que el Ayuntamiento se deje de cuentos y contrate a los mejores, que para eso pagamos todos los madrileños».

La falta de información fue otro de los predominantes. En pleno paseo matinal, Dolores Merino parecía no salir de su asombro cuestionada por la iniciativa: «Algo oí por la radio, pero si te digo la verdad ya no me acordaba». Rosa, en cambio, incidía en que el Consistorio debería haber sido más riguroso a la hora de difundir el proceso. «Por no llegar, no me ha llegado ni la carta», sentenciaba.

Desinterés general

Aunque si hubo un componente decisivo en la jornada inicial, ese no fue otro que el nulo entusiasmo de la población. «Me llegó la carta y la tiré. Y Ahora tampoco voy a votar porque al final van a hacer lo que les dé la gana», protestaba María del Mar de la Cruz, vecina de Vallecas. En el distrito de Salamanca, apenas un pequeño número de personas acudía a la Junta expresamente para emitir su veredicto.

La mayoría, como Fuensanta Martín o Celilia Hernández, participaron tras presentarse por otra gestión obligatoria. «He votado porque un amigo mío participa en uno de los diseños de Plaza de España. Pero en el fondo, hacer esta votación me parece una estupidez», aclaraba Fuensanta, al tiempo que su amiga Cecilia replicaba: «No estoy de acuerdo, la política no está solo en los políticos y es bueno que se pregunte». «Los políticos están para decidir, no para delegar en los ciudadanos y tomar medidas de cara a la galería», cortaba de nuevo Fuensanta.

Preguntas dirigidas

De todas las cuestiones planteadas, la remodelación de la plaza de España resultó la más controvertida. Los voluntarios se tuvieron que emplear a fondo para aclarar las dudas de los proyectos catalogados en las papeletas como «X» e «Y». «Nos piden que elijamos entre uno u otro, pero ¿y si no quieres ninguno?», preguntaba Belén Bautista, para añadir después que esa casilla la había dejado en blanco.

Por último, las dudas sobre la peatonalización de la Gran Vía continuaron presentes tras la experiencia piloto acometida en Navidad. «Casi nadie va a votar que ?No?, pero hay una gran parte de la población que el cierre le perjudica», señalaba María Luisa, una vecina de Centro.

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