Los ochocientos aspirantes que nunca ocuparán el Despacho Oval
Las elecciones presidenciales en EE.UU. son cosa de dos. La última vez que un inquilino de la Casa Blanca no[…]
Las elecciones presidenciales en EE.UU. son cosa de dos. La última vez que un inquilino de la Casa Blanca no era del partido demócrata o del republicano fue en 1848, cuando se impuso Zachary Taylor, del partido Whig, una formación con un peso importante en la política estadounidense de mediados del siglo XIX. Desde entonces, demócratas y republicanos -aunque con candidatos y presidentes de tendencias políticas muy diversas- han ganado las elecciones y, con toda probabilidad, también lo harán este otoño.
En el pasado, ni el célebre activista Ralph Nader, que se presentó a cinco elecciones desde 1992 a 2008, ni el multimillonario Ross Perot, que arañó más del 12% de los votos en 1992, consiguieron agrietar el muro del bipartidismo.
Sin embargo, la polarización que podría suponer una recta final con candidatos como Donald Trump y Ted Cruz, por el lado conservador; o Bernie Sanders, por parte demócrata, deja una veta mayor que nunca para una tercera vía que siempre ha parecido imposible. Por ella se podría colar Michael Bloomberg, que al parecer sopesa una candidatura si el populista Sanders, que logró empatar con Hillary Clinton en las primarias de Iowa y tiene buenas perspectivas para las de New Hampshire, consigue el respaldo demócrata.
El exalcalde de Nueva York sería una excepción. Ni siquiera con un candidato que disguste a buena parte de sus partidos habría opciones para el resto del espectro político. Porque en EE.UU. escasean las oportunidades presidenciales para alguien que no sea demócrata o republicano, pero sobran partidos políticos y candidatos de buena fortuna.
Formaciones serias
Hay formaciones serias y con una base considerable de votantes. Por el lado conservador, el Partido Libertario, con su cruzada contra el poder de Washington y contra su arma más temible, los impuestos. En el otro extremo, el partido ... Más información