Los músicos que se encuentran en el punto de mira de la yihad

Los terroristas de Daesh (también conocido como Isis) odian el arte en todas sus formas, incluyendo por supuesto la música.[…]

Los terroristas de Daesh (también conocido como Isis) odian el arte en todas sus formas, incluyendo por supuesto la música. Son menos restrictivos que los talibanes (que la prohíben en todas sus formas), ya que en su territorio están permitidas las nasheed (canciones que alaban el islamismo más radical), pero maldicen cualquier otra de sus manifestaciones. Lo dejaron bien claro cuando atacaron la sala Bataclan en mitad de un concierto de los estadounidenses Eagles of Death Metal, y volvieron a recordárnoslo la noche en que su compatriota Ariana Grande actuó en Manchester.

Aquellos terribles atentados volvieron a la mente de todos hace menos de una semana, cuando el grupo californiano Allah-Las tuvo que cancelar su actuación en Rotterdam y salir escoltado por la policía tras un aviso de la Guardia Civil española. Fue un verdadero shock para estos cuatro adalides del garaje psicodélico moderno, pero en el fondo sabían que algo malo podía ocurrir cualquier día. «Hemos recibido algunos e-mails amenazantes», contaban hace tres años tras su concierto en la sala El Sol. «Intentamos contestar a todos explicando que no hay ninguna connotación despectiva hacia el Islam. Algunos lo entienden, pero otros no, y vuelven a escribirnos más cabreados todavía. A esos ya no los contestamos más».

Hay quien piensa que mantener el nombre de Allah-Las no es la decisión más segura para la integridad de los miembros del grupo con los tiempos que corren. Pero los terroristas no necesitan ninguna provocación y, además, hay nombres mucho más arriesgados. Es el caso de Isis, un grupo de Boston que saltó a la fama de la forma más inesperada e indeseada en agosto de 2014, cuando Daesh copó la agenda mediática de Estados Unidos al asesinar a su primera víctima civil, el periodista James Foley.

A los pocos días de la noticia sus redes sociales se inundaron de amenazas yihadistas acusándoles de usurpar el nombre del grupo terrorista, pero también de insultos de ciudadanos de todo el mundo que no podian entender la «publicidad» que hacían a Daesh. «Creo que ha llegado la hora de guardar para siempre mis camisetas de Isis en el armario», llegó a postear un fan del grupo, que en realidad ya llevaba cuatro años disuelto y sólo mantenía activas sus redes para promocionar recopilatorios. Finalmente cambió su nombre en Facebook de «Isis» a «Isis, the band», pero muchos siguieron «sin ver la distinción entre una banda de rock inactiva y un grupo terrorista», como señaló poco después un responsable de su sello, Ipecac.

Hay al menos otras tres bandas de rock en activo que tomaron el nombre de la diosa egipcia Isis. Uno es brasileño («llevamos tocando un año más o menos ,y por ahora no hemos recibido ninguna amenaza», contestan a este periódico), otro es mexicano y lleva ya cuarenta años sobre los escenarios sin problemas de este tipo, pero el tercero sí que ha tenido que aclarar que no apoya a los terroristas. Se trata de los neoyorquinos (I am) Isis, que a pesar de los insultos y amenazas decidió «no dejar ganar a los malos» y mantener su nombre, ya que en realidad también es el de su cantante.

El artista más famoso de esta lista negra es el rapero Sean Paul, que quiso despedir 2014 con un concierto de Nochevieja en Las Maldivas. «Si pisas las islas el mundo entero verá tu cuerpo ensangrentado y en llamas», fue el mensaje recibido. En un principio Sean Paul anunció que no frenaría sus planes, pero la cascada de amenazas le obligó a cancelar la actuación.

Hay una cantante que jamás se amedrentará ante el terror. Se trata de la iraní Helly Luv, la primerísima de la lista, y ferviente defensora de las milicias kurdas femeninas que combaten en Siria. Sus letras y sus videoclips son auténticas arengas contra Isis, y aunque vive «bajo un peligro constante», está «determinada» a no rendirse en su lucha.

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