Los Macron reforman el Fuerte de Brégançon para sus vacaciones

Tras las desastrosas vacaciones veraniegas de 2017, Emmanuel y Brigitte Macron han decidido restaurar, así como dar lustre y confort -incluyendo la construcción de una piscina- al célebre Fuerte de Brégançon, levantado en una pequeña península de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, frente al pueblecito de Bormes-les-Mimosas (7.800 habitantes). Durante siglos fue una fortaleza militar, antes de convertirse en una segunda residencia para monarcas, príncipes y presidentes de una República con ínfulas «imperiales».

Recién instalados en el Elíseo, los Macron se tomaron el pasado verano unas ajetreadas vacaciones no lejos de Marsella, que pretendían disfrutar lejos del fasto del protocolo oficial. Sin embargo, fueron perseguidos por varios fotógrafos que resultaron ser expeditivamente detenidos por la gendarmería, acusados de «atentar» contra la vida privada del jefe del Estado y de su esposa. Tras aquella experiencia, la pareja se ha decantado por el lugar de recreo por el que antaño transitaron en alguna ocasión el general Charles de Gaulle, Valéry Giscard d?Estaing, François Mitterrand , Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande.

El presidente y su esposa consideran, sin embargo, que el fuerte carece del confort deseable y presenta unos inconvenientes que creen «infumables»: las calas privadas de la residencia pueden ser fotografiada desde las cercanas playas de Bormes-les-Mimosas. Los Macron no desean ser víctimas del acoso fotográfico sufrido en su día por las parejas Sarkozy- Carla Bruni y Hollande-Valérie Trierweiler.

Fuerte de Brégançon
Fuerte de Brégançon

A los Sarkozy no les importaba lucir con mucho trapío la silueta de Carla Bruni, en biquini muy exiguo; y a Hollande le traía sin cuidado mostrar los michelines y la figura sencillita, pero mona de su segunda compañera sentimental, Valérie Triverweiler. No es un secreto que los Macron solo desean ser fotografiados en las situaciones que ellos mismos montan con el fin de construir la imagen que desean proyectar de sí mismos.

Nueva piscina

Ante tal ánimo, solo cabían dos alternativas: evitar los baños en el mar o construir una piscina que permita darse un chapuzón sin ser inmortalizados por un paparazi bien pertrechado. El Elíseo ha ordenado el estudio para la construcción de dicha piscina, que los Macron podrán estrenar este mismo verano.

El presidente y su esposa estiman, asimismo, que el confort de la antigua fortaleza militar también deja mucho que desear. Baños, terrazas, dormitorios, salas de ocio y recreo deberán someterse a un lifting y modernización, que satisfaga las nociones de modernidad de los actuales inquilinos del Elíseo, insensibles a la austeridad marcial de una antigua fortaleza militar mal adaptada a los gustos y necesidades de la vida moderna.

General especialista en la guerra de blindados, De Gaulle podía adaptarse a tal austeridad para conmemorar el desembarco aliado en Provenza. Giscard tenía castillo propio, mientras que Mitterrand prefería su propeidad de las Landas. Chirac jamás sintió atracción alguna por las residencias «rústicas».

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