Los golpes económicos, un suma y sigue que aviva la crisis catalana
Cuando el Gobierno alertó de las consecuencias que podía tener el proceso soberanista sobre la economía catalana, el secesionismo respondió[…]
Cuando el Gobierno alertó de las consecuencias que podía tener el proceso soberanista sobre la economía catalana, el secesionismo respondió acusando al Estado de utiliza el «discurso del miedo» para disuadir a la sociedad de seguir adelante. Cuando algunos empresarios advirtieron de la posibilidad de trasladar sus empresas si no se frenaba la inestabilidad, los líderes soberanistas replicaron asegurando que no marcharía ni una sola compañía.
Uno tras otro, y a la misma velocidad con la que los argumentos del independentismo se han ido desmoronando, la acumulación de datos que demuestran que el impacto es real no se detiene. No hay un solo sector o indicador que no se haya visto afectado: caída en el número de turistas (4,4% de retroceso y reducción de la facturación hotelera del 13%), matriculación de vehículos (4,3% de caída en los primeros días de noviembre frente al aumento del 4% en el conjunto de España), fuga de compañías (2.798 desde el 1 de octubre), frenazo en el consumo, descenso de todos los índices de confianza empresarial... El ministro de Economía, Luis de Guindos, que en los meses previos a la fallida proclamación de la república catalana (27 de octubre) trataba de transmitir confianza asegurando que nadie en el mundo empresarial daba credibilidad a la hipótesis de la secesión, ya hablaba hace pocos días de una «desaceleración profunda» de la economía catalana en el cuarto trimestre del año.
Aunque localizada en Cataluña, el impacto se traslada al conjunto de la economía española, y el Gobierno, en línea con lo que apuntan los servicios de estudios de los principales organismos internacionales, se ha visto obligado a rebajar en tres décimas (del 2,6% al 2,3%) la estimación de crecimiento del PIB para 2018, mientras que ha elevado en una décima, del 2,2% al 2,3%, su estimación de déficit público para el próximo año.
Del liderazgo a la cola
Cataluña, que hasta hace pocos meses lideraba con fuerza la recuperación de la economía española, ve amenazado su crecimiento. Lo problemático de la situación es que el deterioro puede ir a más, advierten todos los expertos. La relativa calma que se respira en Cataluña en las últimas semanas, que se ha traducido por ejemplo en una desaceleración del ritmo de salida de empresas (la pasada semana registró su punto más bajo), puede ser solo un espejismo.
Las elecciones del día 21, y el escenario político que surja de las mismas, definirán lo que está por venir. La pérdida de la Agencia Europea del Medicamento, y el impacto económico que la misma iba a generar, en una decisión que se atribuye en buena forma al panorama de inestabilidad, simboliza de manera dramática el estado de la cuestión en Cataluña.
En su informe publicado el pasado día 2, el Banco de España dibuja dos escenarios. El primero se daría si la crisis política se resuelve rápidamente, de manera que la incertidumbre se incrementaría en el cuarto trimestre de 2017 para disiparse en el arranque de 2018. En este escenario, se deduce que el efecto negativo sobre el PIB sería de tres décimas entre finales de este año y 2019. En la segunda hipótesis, el riesgo es más severo y la tensión se enquista y escala cotas de incertidumbre que no se veían desde que España pidió el rescate bancario a la UE en el segundo trimestre de 2012. En este escenario, el PIB dejaría de crecer más de 2,5 puntos entre finales de 2017 y 2019. Entre este año y el próximo se perdería un crecimiento de un 1% -unos 11.600 millones menos-, mientras que el más de punto y medio restante se extraviaría en 2019. El Banco de España auguró en septiembre, antes de que se convocara el referéndum ilegal, que la economía crecería un 3,1%, un 2,5% y un 2,2% en 2017, 2018 y 2019 respectivamente. Previsiones que ahora quedan obsoletas, informa Javier Tahiri.
Del mismo modo, y en concreto con respecto a Cataluña, el observatorio regional del BBVA, estima que en el escenario más probable la comunidad podría perder 0,8 puntos porcentuales de crecimiento (sin bien dos décimas se atribuyen a la desaceleración ya observada, no imputables a la política). Además, se apuntan correcciones a la baja en regiones con mayor exposición a la economía catalana, como la Comunidad Valenciana, Aragón o La Rioja. El BBVA apunta que Cataluña será la comunidad que menos crecerá en 2018 (2,4%).
El «discurso del miedo» se ha transformado en el de la realidad de las cifras. Los expertos temen que se tarde años en revertir la situación.
