Las huchas de las familias se evaporan

Los españoles hemos roto la hucha. Tras años de decisiones de consumo aplazadas por la prudencia que recomendaba la incierta salida de la crisis, los cerditos acumulan ahora telarañas. La recobrada confianza en la situación económica anima a renovar viejos electrodomésticos, pensar en jubilar el coche o a salir más a menudo a cenar. Así lo certifican las estadísticas: según publicó esta semana el INE, la tasa anual de ahorro de los hogares se situó en el 6,5% de la renta disponible anual al cierre del segundo semestre, el dato más bajo desde el primer trimestre de 2008, cuando tocó fondo con un 5,8%.

«Esta tasa lleva cayendo casi ininterrumpidamente desde finales de 2009 (cuando alcanzó un máximo cercano al 14%), habiendo llegado ahora a cifras similares a las observadas hace una década, en el año anterior al inicio de la crisis (2007). Este descenso puede dividirse en tres fases diferencias, habiéndose reducido rápidamente en unos cuatro puntos y medio ya a finales de 2010, mostrando después cierta estabilidad hasta mediados de 2015, y cayendo desde entonces más pronunciadamente tres puntos adicionales», explica Joaquín Rivera, socio de Arcano. ¿Pero cuáles son las causas de este rápida descenso en la capacidad de ahorro? ¿Están gastando los españoles por encima de sus posibilidades? ¿Puede la tendencia convertirse a medio plazo en un elemento de vulnerbilidad económica?

La primera caída significativa de la tasa de ahorro entre 2009 y 2010 tuvo su principal razón en la elevadísima cifra de partida (14%), «anormalmente alta por el efecto incertidumbre tan potente que generó en las familias la irrupción de la crisis en 2008, con su enorme destrucción de empleo», explica Rivera. Sin embargo, este experto considera la reducción de la tasa de ahorro de los dos últimos «tiene un origen muy diferente y mucho más saludable, como es la positiva evolución de la economía».

La reactivación del mercado inmobiliario es otro factor que explica esta tendencia a olvidar la hucha
María Gómez Agustín, Rafael Pampillon,

Los expertos señalan los peligros de un periodo prolongado con bajas tasas de ahorro. «El ahorro es básico en una economía porque es con lo que se financia la inversión de las empresas. El ahorro de los hogares no está en una caja de zapatos. Está en depósitos, bonos, acciones, fondos, es decir, en vehículos financieros que permiten que las empresas tengan financiación para poder producir y emplear más», explica Pampillón. «Al existir menos ahorro disponible en la economía española, para financiar el gasto hay que importar capital extranjero, con todas las consecuencias que esto tiene en la actual coyuntura», añade María Gómez.

Cambio de tendencia

Los expertos creen que la tasa de ahorro se mantendrán reducida durante un tiempo, pero no a largo plazo. «El consumo mostrará una tónica menos positiva que en años anteriores, a medida que las familias ajustan sus decisiones de gasto a la evolución de la renta disponible. Esta previsión implica que la caída de la tasa de ahorro de las familias se detendrá en 2018», aseguraba Funcas recientemente en sus previsiones económicas para 2017-2018.

«El ahorro de los hogares no está en una caja de zapatos. Está en depósitos, bonos, acciones, fondos, es decir en vehículos financieros que permiten que las empresas tengan financiación»

Rivera también cree que los factores que frenan el ahorrro tenderán a ralentizarse y a afectar a la confianza del consumidor, pero todavía ve una inercia positiva; por ello considera que las tasas de ahorro aún se mantendrán relativamente reducidas por un tiempo. En todo caso, «es importante entender que la deuda financiera de los hogares está en niveles muy bajos en porcentaje de PIB, por lo tanto ante una buena situación económica es normal que se ahorre menos, ya que los balances están muy saneados». Además, las familias españolas tienen «unos activos cercanos a 6 veces el PIB, comprendiendo inmuebles y activos financieros: la deuda es muy baja, por lo tanto es un balance muy solvente, nada que ver con lo que había antes de la crisis». Aunque la hucha parezca tiritar, no es momento de disparar las alarmas.

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