«La cantante calva»: una obra que trata sobre la cárcel de las palabras

El rumano melancólico y transterrado que fue Eugène Ionesco dejó bien claro que el lenguaje puede ser una cárcel de palabras convertidas en cáscaras vacías y convenciones inanes repetidas como coartadas contra el milagro de la comunicación. Sesenta y siete años después de su estreno, «La cantante calva» continúa representándose en París y sigue tan campante: su texto mantiene su tersura, su provocación y su humor de piel dulcemente naíf y carne ácida. La excelente versión de Natalia Menéndez potencia esas constantes, con los personajes enfermos de impostada distinción y perfectamente risibles, encerrados en su inmovilismo circular: criaturas trágicas que fingen no serlo o no saben que lo son, aunque en fugacísimos momentos de este estupendo montaje de Luis Luque parecen ser aterradoramente conscientes de su condición.

«La cantante calva» (****)Autor: Eugène Ionesco. Versión: Natalia Menéndez. Dirección: Luis Luque. Escenografía: Mónica Boromello. Iluminación y vídeo: Felipe Ramos. Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas. Intérpretes: Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza. Teatro Español. Madrid
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