Garantía de rentas y complemento salarial de Podemos: dudas y certezas

A la espera de conocer los detalles del programa económico de Podemos, ya tenemos algunos avances y los de más[…]

A la espera de conocer los detalles del programa económico de Podemos, ya tenemos algunos avances y los de más relumbrón son la garantía de rentas de 600 euros mensuales y el complemento salarial para quienes cobren menos de 900 euros. Son varias las certezas, pero también las dudas que suscitan estas dos iniciativas, especialmente la segunda, puesto que es, al menos en principio, muy similar a la anunciada hace meses por Ciudadanos. 

1. El complemento salarial sirve, y mucho, para reducir la tasa de pobreza entre quienes tienen un trabajo. De acuerdo con los datos de Eurostat, en España, el 12,5% de los trabajadores de entre 18 y 64 años viven por debajo del umbral de la pobreza. Es un porcentaje que ha subido dos puntos en la última década. Las cifras son especialmente graves en el caso de los trabajadores más jóvenes, entre los 18 y los 24 años, cuya tasa de pobreza se coloca en el 21,3%, cuando hace diez años este porcentaje se situaba en el 8,1%. Un riesgo al que apuntan varios expertos es que estos elevados porcentajes de trabajadores pobres se hagan crónicos con el paso de los años, y no sólo en esta franja de edad, sino que los jóvenes, a medida que se vayan haciendo mayores, sigan conservando las malas condiciones de trabajo de su debut en el mercado laboral. 

El umbral de la pobreza para hogares de una persona se situó, de acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida, en los casi 8.000 euros anuales, lo que da, dividida en doce meses, una renta de poco menos de 670 euros mensuales. 

2. Una renta complementaria garantizada por el Estado ayuda a reducir las tasas de pobreza en nuestro país. Pero también puede tener un riesgo: la perpetuación de un mercado laboral de bajos salarios, de baja calidad y a expensas del Estado. De ser así, el Estado no estaría ayudando a los trabajadores pobres a salir de esta situación, sino que estaría subvencionando los beneficios corporativos por dos vías. Por un lado, garantizando bajos costes salariales. Por otro lado, asegurando un poder adquisitivo para los trabajadores que les permitiría unos niveles de consumo imposibles con los "salarios de mercado" antes de la entrada en acción del Estado. Ello, por tanto, incrementaría aún más las plusvalías empresariales, provocaría un aumento en la concentración de la riqueza. Eso, en principio. 

3. ¿Puede una buena medida para luchar contra la pobreza convertirse en una política injusta? Ése es el reto al que se enfrentaría Podemos de llegar al Gobierno. Una manera de corregir estos efectos seguramente indeseados para la formación morada sería hacer uso de una política fiscal mucho más progresiva. Podemos podría fijarse en el IRPF haciéndolo más escalonado e incrementando los tipos aplicados sobre las rentas más altas, algo que ha insinuado en varias ocasiones, incluso este mismo domingo en el debate con Albert Rivera. Pero, quizás, sobre todo, en el Impuesto de Sociedades, puesto que sería a éstas a las que el Estado estaría, con sus medidas, subvencionando. Financiar el complemento salarial con el Impuesto de Sociedades provocaría, pues, una "anulación" de la subvención empresarial vía salarios bajos y garantía de consumo más elevado del que permitirían los salarios que pagan las empresas. De lo que se trata es de reducir la pobreza, pero también la creciente desigualdad. El objetivo no sería acabar con la pobreza, sino conseguir una mayor distribución de la riqueza. 

4. También hay que introducir en la ecuación la garantía de rentas de 600 euros. Ello, en teoría, eleva el poder de negociación de los trabajadores, cuya necesidad de aceptar puestos de trabajo de bajísima calidad se reduciría. La garantía de rentas podría hacer mucho más infrecuente la oferta de puestos de trabajo a tiempo parcial y de cortísima duración miserablemente pagados. La garantía de rentas, pues, ofrecería la gran oportunidad de eliminar del mercado de trabajo española las modalidades contractuales más abusivas. Aunque aún seguiría habiendo salarios y contratos de trabajo malos que se convertirían en lo suficientemente buenos como para que los trabajadores acabaran aceptándolos: casi cualquiera con el que se cobre el salario mínimo interprofesional, puesto que el complemento salarial garantizaría el cobro mensual de 900 euros. 

5. Por eso sería necesario también, además de establecer un sistema fiscal más justo, diseñar otras medidas de política laboral, tales como la subida del salario mínimo. Ello mejoraría la calidad del mercado de trabajo español y reduciría la factura a que habría de hacer frente el Estado. Además, desde el punto de vista cualitativo, habrían de incrementarse las garantías y derechos del trabajador, recuperando el papel de la negociación colectiva. 

6. Lo que no aborda Podemos, al menos en las medidas que se conocen por el momento, es el problema fundamental del mercado de trabajo a nivel mundial y que se manifiesta con especial virulencia en España: un paro estructural creciente. Medidas de reparto de trabajo, de reducción de la jornada laboral, de activación de nichos de empleo inexplorados... no sólo vendrían muy bien en este contexto, sino que son imprescindibles. 

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7. También se debería complementar todo esto con un plan para garantizar las pensiones del futuro. ¿Cuál sería la cotización a la Seguridad Social de los salarios susceptibles de complementarse con las rentas del Estado?, ¿el perceptor de una renta complementaria cotizaría por los 900 euros que recibiría o por el salario que le pagaría el sector privado? En este sentido, el PSOE ha lanzado una idea interesante: ante la falta de cotizaciones sociales para asegurar pensiones dignas, habría que utilizar el sistema impositivo. 

Aún hay muchos flecos sueltos en las propuestas que hemos conocido, muchas incertidumbres, posibles efectos secundarios... Pero son bienvenidas las medidas sociales imaginativas. No en vano, nos encontramos en un momento de emergencia social, en una encrucijada en la que se dirime el modelo de sociedad que queremos.

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