Franco y cabra

El 7 de noviembre de 1938, hace hoy 80 años, era día de mercado en Cabra, población rural cordobesa de 20.000 habitantes. España enfilaba la fase final de una crudelísima Guerra Civil, con la República débil y con pronóstico de derrota. En Cabra, lejos del frente, la vida discurría con cierta normalidad. A las siete de la mañana los jornaleros se afanaban para salir al campo y los mercaderes para acudir a la plaza de abastos. A las 7 y 27 minutos tres aviones republicanos Tugolev SB-2, traídos de Rusia, se ensañaron con el pueblo durante cinco minutos. Los llamados «Katiuskas» arrojaron seis toneladas de bombas, que alcanzaron la escuela, por fortuna aún vacía, y el mercado, donde mataron a 36 personas. El ataque fue militarmente absurdo, una inútil maniobra de distracción de los estrategas republicanos, que en nada cambió el curso de la guerra. En total causaría 109 muertos, 73 en el acto. Todos eran civiles ajenos a las cuitas bélicas, incluidos 12 niños.

Cabra fue un acto de ensañamiento malvado y sanguinario, como el de Guernica, población destrozada por las bombas nazis e italianas y donde según los últimos estudios murieron entre 250 y 300 vecinos (no los 1.600 de los que siempre se hablaba). La Guerra Civil resultó un compendio de barbaridades por parte de ambos bandos (también con numerosos actos de heroísmo y bondad espontánea, pues siempre hay personas con la conciencia en su sitio). La Transición no fue más que un acertado intento de pasar página, darse la mano y construir un país libre, estable y próspero.

Hoy se cumplen 80 años del bombardeo de Cabra, pueblo natal de Carmen Calvo, cuya misión central como vicepresidenta es desenterrar a Franco. Si a los vecinos de Cabra los hubiesen matado aviones nacionales, en España habría pasado más o menos esto: serie de novelas por entregas de Almudena Grandes relatando la masacre de Cabra; película-denuncia de León de Aranoa en Cannes; mural de Barceló; un documental con la voz en off de Bardem; concierto homenaje en el Teatro Real; y hoy, en la plaza de abastos bombardeada hace 80 años, visita de Sánchez, Carmen Calvo, Grande-Marlaska y Lola Delgado, muy meditabundos antes de anunciar un retoque a la Ley de Memoria Histórica para que vergüenzas así sean por siempre denunciadas. Por último, «Informe Semanal» ofrecería un reportaje por orden directa de Rosa María Mateo, titulado «Matanza franquista en Cabra», mientras que la televisión al rojo vivo emitiría un especial del Follonero desde el campanario del pueblo evocando el vuelo de los «aviones asesinos».

Pero no habrá recuerdo del Gobierno para Cabra. Tampoco nuestros artistas e intelectuales recordarán a los civiles masacrados. Y es que como ya explicó la extraordinaria Isabel Celaá, existen bombas buenas y bombas malas. Y también una historia real y otra oficial, la única permitida y que pronto proscribirá por decreto contar ciertos hechos, so pena de multa y escarnio público. Me repugnan Franco y el franquismo. Pero también que en el año 18 del siglo XXI quieran lavarnos el cerebro y censurarnos desde un Gobierno mediocre, sectario, maniqueo y no elegido en las urnas.

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