Francisco Baena Bocanegra, cincuenta años con la toga puesta

No hay procedimiento penal en Sevilla donde Francisco Baena Bocanegra (Coín 1942) no haya estado presente. Y es que este penalista hijo de juez que llegó a la abogacía tras opositar para judicatura tiene en su haber 10.000 procedimientos penales y acaba de abrir el expediente 16.000. Aún así y tras sus bodas de oro no piensa parar. «Me moriré con la toga puesta» dice sentado en su amplio despacho del Porvenir. En su mesa hay fotos de cuando juró en septiembre de 1967, instantáneas con políticos, jueces y otros clientes de postín «de cuello blanco», de los muchos que ha defendido. Condecoraciones y medallas. Pero también pesetas enmarcadas, la simbólica cantidad que cobra a algunos.

También hay instantáneas de sus tres hijos, sus siete nietos, su barco o tomos del Cossio. Los toros, el Betis, su moto, la música y el mar son sus otras pasiones además del Derecho. Paco Baena, como le conocen, tiene cuerda para rato.«No me creo que hayan pasado 50 años», explica recordando su primer juicio, allá por el año 1967 cuando, al poco de entrar de pasante en un despacho, le tocó defender en la Audiencia de Sevilla a un sacerdote que había atropellado a un peatón. Logró sacarlo absuelto. Es uno de tantos clientes declarados inocentes tras pasar por sus manos.

Pero si hay un caso que el penalista recuerda con especial cariño es el de la intoxicación de 20.000 patos en Doñana en 1990. Un asunto que tuvo que estudiar a fondo y en el que volvió a lograr sentencia absolutoria. «Logré demostrar que era una epidemia de botulismo», dice rememorando el juicio que llevó al banquillo a funcionarios y arroceros. Uno más de la larga historia de éxitos de este abogado que cree que el procedimiento penal español «sigue siendo inquisitorio» y los letrados trabajan «como David frente a Goliat».

Baena no se acostumbra a la derrota. «Es difícil estar convencido de la inocencia de una persona y da miedo no ser capaz de demostrarlo». Pero también ha dicho no a algunos clientes. Como aquel acusado de asesinato al que se negó a defender porque le había mentido. «Si es inocente no tengo dudas; si es culpable y me dice la verdad se merece la mejor defensa», recalca. No permite que le engañen.

Halagador y risueño, considera un piropo aquella vieja leyenda de que «si eres culpable te defiende Baena Bocanegra».El abogado ríe asegurando que el más complicado siempre es «el último caso» y contando otra anécdota: el taxista que relató a un juez que estaba ahorrando para matar a un hombre y pedir luego a Baena que le defendiera para que lo absolvieran.

Es parte de la historia de este penalista que jamás olvida una condena. «Son mis asignaturas pendientes», afirma. Tampoco es partidario de muchas declaraciones a la prensa porque la sentencia es «la mejor publicidad» para un abogado. Piensa que la Justicia ha cambiado desde aquellos tiempos en que redactaba los recursos en una máquina de escribir y echa de menos el trato de antes. Se atreve a aventurar el final del juicio de los ERE: «Habrá de todo, condenas y absoluciones pero Chaves y Griñan acabarán absueltos». Y sabe que la Justicia no es igual para todos porque «no es lo mismo un buen abogado que uno malo».

¿Su secreto? Un entusiasmos desbordante y mucho tesón. Porque a sus 75 años se levanta a las 5 de la mañana y sigue sintiendo «la obligación» de estudiar. Baena atesora muchos secretos que morirán con él. Gran observador y didáctico como un profesor, tiene memoria de elefante: se acuerda hasta de la marca del coche de sus clientes. Ydisfruta como el primer día. «Trabajo en lo que amo. Mi vida es esto».Así seguirá mientras el teléfono siga sonando en su despacho.

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