Flores de plástico

Rato venía de tener trato de jefe de Estado en el FMI, y sustituir a Blesa en Caja Madrid era[…]

Rato venía de tener trato de jefe de Estado en el FMI, y sustituir a Blesa en Caja Madrid era un reto, un chollo y un marrón. Todo a la vez. No era un experto banquero, claro que tampoco era Ignacio González, el candidato de Esperanza Aguirre. Rato llevó consigo algún hombre de confianza y un cambio sin revoluciones. Una mayor distancia en el trato, gestos de mayor sobriedad. En «Bankia Confidencial», Nicolás M. Sarriés cuenta que impuso viajes en turista y renunció al cocinero en la planta presidencial. Las flores en los despachos, que se cambiaban semanalmente, fueron sustituidas por unas flores de plástico. A los consejeros llegaron a retirarles la caja de bombones con que se les obsequiaba en cada comisión de control.

Todo eso se quitó, pero no las «black». La sentencia explica que Rato conocía de su existencia y que extendió el uso para sí. Y si no se abandonaron fue por dos cosas. Porque eran un sistema institucionalizado con el que se «sedaba» a los consejeros y porque compensaba las limitaciones retributivas impuestas a los directivos por el RDL 2/2012, de saneamiento del sector financiero. Solo un héroe dijo «no», Francisco Verdú Pons, que en una entrevista contó que su sueldo, como el de Rato, pasó de 2,6 millones euros anuales a 600.000.

El de las «black» era uno de los juicios de Rato. El interesante es el de la salida a Bolsa de Bankia.

Rato no se negó a una capitalización decretada por el Gobierno con respaldo de auditoría, CNMV, Ministerio y Banco de España. Como antes no se había negado a la fusión forzosa con Bancaja (el PP de Feijoó y Rajoy boicoteó la fusión con las cajas gallegas). A los de Bancaja en Caja Madrid los llamaban «los fenicios». Sarriés cuenta en su libro algunas de las cosas que encontraron en Bancaja. Una inversión de mil millones de euros en millones de metros de suelo agrícola en Hungría y un circuito de motos diseñado pero sin asfaltar. Había un alto directivo presente en 63 consejos de administración al que apodaban «El Pluma» porque solo se dedicaba a firmar. Llegaba al trabajo en un Lexus último modelo. «Un esfuerzo familiar, pero merece la pena». Poco después descubrieron que lo pagaba un leasing de la entidad.

Lo de las cajas ha sido un gran disparate nacional y Rato servirá para expiarlo en alguna medida.

Más que en la codicia, esto hace pensar en aquello que Axel Oxestierna le dijo a su hijo: «No sabes, hijo, con qué poca sabiduría se gobierna el mundo».

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