El PIB del Reino Unido vuelve a crecer al mismo ritmo previo al Brexit

Los datos de la economía británica están dejando en muy mal lugar algunos vaticinios agoreros previos al referéndum del pasado[…]

Los datos de la economía británica están dejando en muy mal lugar algunos vaticinios agoreros previos al referéndum del pasado 23 de junio. El Gobierno de Cameron, los servicios de análisis de los grandes bancos internacionales y el FMI y la OCDE habían anticipado un acusado desplome del PIB, que podía encarrilar al país hacia una recesión. También daban por hecho un desplome de la Bolsa. George Osborne, el anterior ministro de Economía, llegó a amenazar con un ?presupuesto de emergencia? el pasado otoño si ganaba el Leave, con inmediatas subidas de impuestos. Nada de eso ha ocurrido. El Reino Unido creció un 0,6% en el último trimestre del año, manteniendo así el ritmo de los dos anteriores, y 2016 se cierra con un crecimiento del 2% (España logró un 3,3%). Las cifras británicas han mejorado los pronósticos.

El FTSE 100, que agrupa a los mayores valores de la Bolsa de Londres, estaba en 5.900 puntos hace un año y en cifras similares también en los días previos al referéndum, pero hoy marca 7.178 puntos. No se ha desplomado, todo lo contrario. La tasa de paro es del 4,8%, la menor en once años, con 1,6 millones de desempleados y 31,7 millones de ocupados.

Hasta ahora, el único golpe real se ha sentido en la cotización de la libra, que marcaba 1,47 ante el dólar antes del referéndum de junio y que ha caído a 1,26 ahora, a pesar de que se ha apreciado en los últimos días. La decisión de Theresa May de tomar la senda del Brexit duro ha castigado a la divisa, que llegó a sufrir una depreciación de hasta el 17% ante el dólar y marcar mínimos de treinta años. Se ha producido ya un leve aumento de la inflación, que ha empañado la bicoca de los viajes baratos a Europa para los turistas británicos y ha encarecido algunos artículos en los supermercados. Como contrapartida, la libra barata ha aumentado las exportaciones.

De todas formas, el optimismo debe ser atenuado por dos datos. El primero es que en agosto el Banco de Inglaterra bajó los tipos del 0,5% al 0,25%, la menor tasa en sus 332 años de historia, y lanzó un agresivo programa de expansión monetaria con compra de deuda del Estado y las empresas para paliar el impacto del Brexit.

El segundo atenuante es que en realidad, a día de hoy, el Reino Unido sigue en la UE a todos los efectos y beneficiándose del acceso al mercado único, con el que May quiere romper para poder controlar la inmigración. Cuando los británicos completen la salida, prevista por el Gobierno para la primavera de 2019, se dejarán sentir los efectos reales del Brexit, entre ellos la posible deslocalización de cúpulas financieras de bancos globales hoy asentados en la City de Londres, primera industria del país con 450.000 empleos directos. La capital en su conjunto supone el 22% del PIB británico. La semana pasada, HSBC y Swiss Bank anunciaron que cuando Gran Bretaña abandone la Unión Europea trasladarán cada uno a mil altos directivos fuera de Londres. Las entidades estadounidenses Citi y Morgan Stanley han lanzado también avisos similares.

El buen dato del PIB en el último trimestre, con un crecimiento del 0,6% frente al 0,5% previsto, se ha basado en la pujanza de los servicios, un sector que supone tres cuartas partes de la economía británica. El consumo ha mantenido un ritmo muy vivo, pero podría frenarse con la esperada inflación que traerá la depreciación de la libra. La producción industrial se muestra estable y han crecido levemente la construcción (0,1%) y la agricultura (0,4%).

La mayoría de los economistas británicos concuerdan en que el Brexit hará sufrir al Reino Unido en los próximos dos años. Pero el trauma no llegará a lo que se anunció durante la agresiva campaña del referéndum.

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