El Partido Popular explora el diálogo con el PDECat en el Congreso

Con Francesc Homs como portavoz del Partido Demócrata Catalán en el Congreso, la relación con el Gobierno estaba totalmente rota. Más aún, el enfrentamiento de los independentistas con el PP y con el Ejecutivo de Rajoy era enconado y visceral. Pero la situación ha dado un giro que puede resultar clave en la legislatura. La marcha de Homs, y el nombramiento de Carles Campuzano como portavoz de su partido, ha restablecido las relaciones y La Moncloa ha visto una posible vía de diálogo que está explorando ante la posibilidad de alcanzar acuerdos parlamentarios, sobre todo de contenido económico o social. En el horizonte inmediato, el objetivo es aproximarse a este partido para sacar adelante el techo de gasto de 2018, tras complicarse la relación con el PSOE por la victoria de Pedro Sánchez. El futuro de la legislatura pasa, en buena parte, por esa votación.

«La relación es ahora mucho más pragmática, el PDECat quiere dialogar con el Gobierno porque también le interesa y obtiene resultados», explican fuentes de La Moncloa. Con Homs, resentido por su querella que acabó en condena de inhabilitación, el diálogo se había hecho imposible y se llegó al extremo de que en la Junta de Portavoces, cuando se necesitaba el acuerdo unánime para llevar adelante cualquier propuesta del Gobierno, el entonces portavoz secesionista se situaba en contra de forma sistemática para bloquear la propuesta.

En La Moncloa han comprobado que ahora, sin Homs, resulta más sencillo hablar con los ocho diputados del PDECat, incluidos en el Grupo Mixto del Congreso. Sigue habiendo una línea roja, que separa totalmente al Gobierno de Rajoy de este partido: la defensa de la unidad de España, la soberanía nacional y la ley. En ese punto no se va a producir acuerdo, y el diálogo sigue siendo prácticamente imposible. Pero a partir de ahí, el espacio para el encuentro y el posible acuerdo es amplio, sobre todo en asuntos propios del centroderecha, que es lo que une al PP con la antigua Convergencia. El ejemplo más claro y reciente se produjo en el debate del decreto-ley de reforma de la estiba. El Congreso rechazó el primer texto que presentó el Gobierno (16 de marzo), pero el jueves pasado (18 de mayo) aprobó el segundo, con el apoyo del PP, Ciudadanos, PNV y la abstención del PDECat. De nuevo se producía una votación que reflejaba lo que en La Moncloa se llama «mayoría natural» de la Cámara, el centroderecha. También en marzo, se visualizó por primera vez esa mayoría, que respaldó una iniciativa del PDECat contra la «okupación» de viviendas, frente al «no» compacto de la izquierda.

Regreso de Sánchez

El Gobierno de Rajoy quiere creer que la abstención en el decreto de la estiba no fue un hecho aislado, sino que hay margen de maniobra para el diálogo y para seguir llegando a acuerdos en una legislatura que, además, se le ha complicado por el regreso de Pedro Sánchez, cuya relación con el presidente del Gobierno ha sido pésima siempre. De entrada, la próxima gran votación será la de los Presupuestos de 2017, el martes y miércoles en el Congreso. Pero en La Moncloa no esperan ningún cambio del PDECat en este debate, ya que tiene el guión escrito de antemano y un cambio de voto sería demasiado brusco.

Pero en el entorno de Rajoy sí creen posible alcanzar un acuerdo a la hora de negociar el techo de gasto de los Presupuestos de 2018, que deberá verse casi de forma inmediata, en cuanto se aprueben las cuentas de 2017, que han llegado con mucho retraso al Congreso. El anterior techo de gasto, que es como la puerta de entrada para aprobar después de los Presupuestos, salió adelante gracias al apoyo del PSOE. Eran otros tiempos, con Sánchez defenestrado y la tesis de la responsabilidad impuesta en las filas socialistas. Ahora, el Gobierno tiene escasa confianza en el que el PSOE repita ese apoyo que Rajoy siempre ha considerado clave para que la legislatura pudiera comenzar a rodar.

Un terreno en el que La Moncloa ve posible el encuentro es el de las derogaciones de las reformas, como la laboral. Hasta ahora, las iniciativas para tumbar las grandes reformas de Rajoy habían quedado paralizadas en el Congreso, a la espera de que el PSOE eligiera un líder que fijara un criterio claro. Esas derogaciones pueden reactivarse a partir de este momento, y en el caso de la reforma laboral el Gobierno confía en que el PDECat, que apoyó al Ejecutivo en 2012, colabore también para evitar la marcha atrás.

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