El juez Sergio Moro, una toga frente al icono de la izquierda brasileña

El rostro del joven juez Sergio Moro, de 44 años, es para los movimientos de oposición como la cara del héroe que salvará al país de la corrupción, y para las marchas oficialistas el «villano» capaz de sobrepasar los límites para entre rejas al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Desde que las investigaciones de la operación «lavacoches» salieron a la luz, en abril del 2014, Moro ha sido la figura estelar de los jueces que han llevado a la prisión de Curitiba, donde vive, a más de un centenar de poderosos, entre políticos, banqueros, empresarios y funcionarios públicos.

Enemigo de entrevistas, Moro parecía un personaje sobrio, hasta hace muy poco tiempo, cuando comenzó a aceptar premios de "Hombre del Año? concedidos por organizaciones de oposición. La forma en que coordinó la detención de Lula, el pasado 4 de marzo, fue criticada dentro y fuera de Brasil, pues aparentemente, Lula estaba dispuesto a colaborar en las investigaciones sobre dos inmuebles de lujo que, según Moro, serían suyos. Algunos de sus detenidos han declarado, según medios brasileños, que Moro repite la frase: ?Si me entregas a Lula te reduzco la pena?.

La filtración de varias conversaciones de Lula, una de ellas con Dilma Rousseff, que ha agravado la polarización en las calles, lo han colocado en el rol de incendiario.










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