El Gobierno «no se rinde» pero admite que tras los cambios en el PP y PDECat «se crean más problemas»

El frágil castillo de naipes sobre el que Pedro Sánchez construyó la moción de censura y en el que sustenta la debilidad del Gobierno de España amenaza con desplomarse mucho antes de lo esperado.

Cuando Sánchez presentó la moción de censura se comprometió a convocar elecciones «cuanto antes». Pero sus planes cambiaron rápidamente al llegar al poder. La formación del Gobierno dio pistas de lo que el nuevo presidente iba a intentar y que desvelaría en su primera entrevista: agotar la legislatura y convocar elecciones en 2020. Pero menos de dos meses después de acceder al Gobierno los planes se complican y la sombra de un adelanto electoral toma forma. Ayer puso voz a esas dudas la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, que aseguró que «nadie está pensando en convocar elecciones», pero que a la vez «nadie va a resistir más allá de lo razonable» porque «sería absurdo».

Ya antes de pronunciar esas palabras durante un desayuno informativo en Madrid, fuentes de La Moncloa reconocían que el «escenario ha cambiado». Los 84 diputados del PSOE en el Congreso de los Diputados, que siempre lo fueron, aparecen ahora más frágiles que nunca después de que ayer la nueva vicepresidenta del PDECat, Miriam Nogueras, anticipase que a partir de ahora se lo iban a poner «más difícil» al Gobierno. Una escalada a la que ayer contestó el ministro de Exteriores, Josep Borrell: «La duración de una legislatura no se puede poner en el platillo de la balanza frente a la pérdida de la integridad territorial de un Estado. Hasta ahí podríamos llegar».

No obstante, en el Ejecutivo se insiste en seguir la dirección actual y «salvar obstáculos» según se vayan presentando. Un escenario «complejo» que tendrá su primera prueba esta semana, ya que el Gobierno necesita los ocho votos del PDECat para sacar adelante el nombramiento de Rosa María Mateo como administradora provisional única de RTVE. Cuando se propuso a Mateo el Ejecutivo aseguró que la cuestión estaba acordada con los grupos que apoyaron la moción de censura. Pero el Gobierno reconoce que su nombramiento está en el aire: «No lo quiero ni pensar», reconoció la portavoz del Gobierno al ser preguntada por qué sucedería si fracasa la votación.

El papel de Pablo Casado

Tras las palabras de Celaá La Moncloa trasladó que el Gobierno «es consciente de los cambios en el escenario político». Se insiste en la intención de agotar la legislatura, pero se reconoce que no está en manos del Gobierno, por lo que se apela a la «responsabilidad» de los partidos para mantener las vías de diálogo. Un mensaje que tiene como destinatarios tanto al PP como al PDECat. Fuentes de La Moncloa reconocen en conversación con este diario que «es evidente que lo que ha pasado este fin de semana crea más problemas». Y se reconocen dudas por el futuro inmediato: «Vamos a ver si los discursos son igual a los actos». En el Gobierno aclaran que esa sensación guarda relación no solo con el PDECat sino también con el nuevo presidente del PP que «tiene la intención de poner a prueba al Gobierno». En el Ejecutivo dicen que «el discurso duro de Pablo Casado ha asustado un poco» y que «no anuncia el mejor escenario posible».

A Casado se le ve desde dos ámbitos. Por una parte creen que se trata de un perfil que «no compite» con el potencial electorado del PSOE como entienden que sí podía hacer Soraya Saénz de Santamaría. En ese sentido creen que les beneficia electoralmente. Pero por otro lado dan casi por descartado cualquier tipo de acuerdo con él. «Tiene que construir su liderazgo, y no parece factible que su primera decisión sea colaborar con el Gobierno», opina un dirigente del PSOE.

En el Gobierno plantean, no obstante, que «no venimos de un territorio idílico», y que ya ahora «hay que negociar desde la primera coma hasta la última». Eso sí, no se tiene reparo en reconocer que con los cambios del fin de semana «se hace un poco más difícil» y se augura batalla: «El Gobierno no se rinde. De rendirse nada, y aguantar todo lo que sea necesario». En el PSOE se reconoce que unas elecciones alterarían los planes previstos. «Tenemos estructura, pero nadie está trabajando ahora en las generales», reconoce un alto mando de Ferraz. El PP de Pablo Casado está empezando a rodar, pero la posibilidad de un adelanto electoral es un escenario que no descartan en absoluto, informa Mariano Calleja. «Nos vamos a preparar para todo, y para unas elecciones también», advierten en el equipo de Casado. Los populares recuerdan que la decisión no depende de ellos, y tampoco creen que Pedro Sánchez tenga «mucho interés» en ir pronto a las urnas. «A Pedro Sánchez no le interesa, él es quien disuelve las Cortes y convoca, pero dependerá de su situación parlamentaria y lo solo que se quede», señalan fuentes próximas al líder del PP. Desde el nuevo Comité Ejecutivo de los populares, se subraya que «la viabilidad parlamentaria de Sánchez tiene un vicio de inicio, porque no se puede gobernar con 84 diputados». Sus socios, advierten, son «inestables», como se está viendo entre los independentistas, y esa inestabilidad afecta sin duda al Gobierno, que no depende de sí mismo.

Una persona del Ejecutivo reconoce que «una sucesión de derrotas» sería muy difícil de gestionar. Sin senda de déficit la intención inicial del Gobierno no es convocar elecciones sino ponerse a preparar los Presupuestos de 2019 con la antigua senda. Un fracaso en este punto sería casi definitivo. El propio Pedro Sánchez estando en la oposición demandó a Mariano Rajoy que debía convocar elecciones o someterse a una moción de confianza si no era capaz de sacar adelante los PGE.

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