El giro de podemos y el aguante del PP condenan a Sánchez y Rivera

La decisión de Pablo Iglesias de promocionar a Pablo Echenique como nuevo secretario de Organización de Podemos no solo tiene una lectura en clave interna, que pretende zanjar la crisis en el partido a cuenta del choque con Iñigo Errejón. Su nombramiento y el nuevo impulso que le otorga a Iglesias recolocan a todos los actores para unas negociaciones que se espera que se aceleren tras la Semana Santa.

Sin embargo, la reunión que Iglesias pretende mantener con Sánchez la próxima semana puede suponer un impulso a una nueva fase de la negociación que parece cosificada. El ascenso de Echenique, que es una forma de acercarse a los tradicionales críticos de Izquierda Anticapilista, tiene una lectura clara de distanciar a Podemos con cualquier posibilidad de participar en una fórmula de Gobierno que incorpore a Ciudadanos. No obstante, hay elementos que corroboran que Iglesias está dispuesto a una negociación en la que ha reducido algunas de las pretensiones que ponía de partida.

Ya no existe por ejemplo una exigencia al PSOE de que rompa su acuerdo con Ciudadanos antes de ponerse a negociar con ellos. El viernes, Iglesias se limitó a decir que la imposibilidad de ir junto a Ciudadanos se iría certificando con el tiempo. «Voy a plantear a Pedro Sánchez un programa de Gobierno. Cuando tratemos de avanzar en materias económicas y de rescate social estoy convencido de que se plantearán algunas incompatibilidades . Si él se acerca más a los que defendemos una política más social, eso por sí solo hará que haya que buscar acuerdos parlamentarios con Compromis e IU».

Pero pese al perfil de Echenique, alejado del pragmatismo de Errejón, que corroborá la apuesta de Iglesias por acercarse al PSOE desde una posición de fuerza, el líder aragonés del partido tiene a sus espaldas precedentes de negociación con los socialistas caracterizados por la confrontación pero también por la capacidad de llegar a acuerdos. Javier Lambán es presidente de Aragón gracias a los votos de Podemos, que lo sustenta desde fuera del Gobierno, y ha aprobado los presupuestos para 2016 gracias al apoyo de Echenique. El barón aragonés pronunció unas palabras entonces que presentan a alguien con más dosis de pragmatismo de las que se han presentado hasta ahora: «Los Presupuestos son grises con topos morados, pero no hacerlo hubiera supuesto prorrogar los del PP».

El PSOE pone ya todas sus cartas en tratar de alcanzar un acuerdo con Podemos. Lo que pase después con el acuerdo que ya han alcanzado con Ciudadanos es un tema que parece secundario. El secretario de Organización de los socialistas valoraba ayer que «todavía hay tiempo» para la conformación de un gobierno del cambio «si hay voluntad».

Ese mismo argumento que en su día daba Echenique para aprobar las cuentas autonómicas de Lambán es lo que el PSOE va tratar de explotar. Luena criticaba ayer que «no es entendible» que siga estando en funciones el Gobierno de Mariano Rajoy.

En Ciudadanos, por contra existe cada vez más preocupación por el rumbo de unos acontecimientos que amenazan con dejarlo compuesto y sin novio. Aunque el mensaje oficial pasa por transmitir tranquilidad porque su acuerdo con el PSOE «es sólido» y es a su vez incompatible con Podemos.

Pero ayer el número dos del partido apremiaba al PP a sentarse a negociar ya, porque de lo contrario la única aritmética posible que se abriría para formar Gobierno sería la de Pedro Sánchez con Podemos y la participación mediante alguna forma de los independentistas. Para José Manuel Villegas, si no se forma un «gobierno constitucionalista» las alternativas sólo son «un gobierno populista o nuevas elecciones, y ninguna de las dos es buena para España».

Ciudadanos mantiene la misma estrategia de sentar a PSOE y PP en una mesa de negociación a tres. Y no hay atisbos de que cambien, ya que es la fórmula que siempre han defendido y la única suma aritmética que les otorga un protagonismo que los resultados electorales le niegan pero que Rivera ha sabido labrarse en las últimas semanas. Insisten en que «para desatascar la situación lo ideal es que en ella no se sienten los líderes políticos, sino equipos de trabajo que hablen de programas y propuestas».

Pero el PP sigue inmune a los llamamientos del partido de Rivera. La relación entre las dos formaciones se ha deteriorado muchos las últimas semanas. Los populares siguen planteando que el acuerdo PSOE-Ciudadanos ya ha caducado y que ahora Rajoy debe pilotar unas negociaciones que partan de la base de que debe ser el partido que ha ganado las elecciones quien lidere el Gobierno. «Nosotros», aseguró ayer Rajoy en un acto en Toledo, «no vamos a participar en este sainete» pero la mano del PP sigue tendida a PSOE y C's para una investidura de un gobierno presidido «por quien ha ganado las elecciones». «Me he sentido muy querido y apoyado en este acto, y quiero que sepáis que no me voy a rendir nunca».










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