Diez años sin Yéremi Vargas, el niño más buscado de Gran Canaria

Este viernes, 10 de marzo, se cumple una década de la desaparición del niño Yéremi Vargas, de siete años, cuando jugaba con sus primos en un solar próximo a las viviendas de su abuela y su tía, en la localidad de Vecindario, en el municipio grancanario de Santa Lucía.

La madre del pequeño, Ithaisa Suárez, asegura que en los diez últimos «terribles» años ha intentado que su familia recupere su vida, aunque sigan con una desgracia que cuesta un mundo llevar. «Hemos aprendido a soportar el dolor, porque la verdad es que nos morimos por dentro. Pero tenemos que seguir», confiesa Suárez en una entrevista concedida a la agencia de noticias Efe. Afirma que este 10 de marzo «es uno más sin Yeremi», aunque reconoce que toda la familia se «viene abajo» porque se cumple otro año sin el niño. «Vivimos con la desgracia, pero vivimos. Es un sinvivir, pero hacemos nuestra vida corriente con este peso encima, que cuesta llevarlo, la verdad», relata.

Suárez ya tenía otro hijo que contaba con 13 meses cuando su hermano Yéremi desapareció. Y ahora la acompañan su nueva pareja y dos hijos más. Los tres niños han crecido con la desgracia de Yéremi, pero su madre y sus abuelos han tratado ocultarles los momentos de tristeza y angustia para procurar que sean felices, aunque, a veces, cuando ven a su hermano «en la tele», también se «vienen abajo», lamenta su madre, que trata de pasar todo el tiempo que puede con ellos y reconoce son los que les hacen sonreír.

Cronología del caso

En todo este tiempo, las fuerzas de seguridad han seguido diversas líneas de investigación con la intención de localizar al pequeño. Cuando se conoció su desaparición, la Guardia Civil y la Policía desplegaron un amplio dispositivo de búsqueda, al que más tarde se unió el Ejército, así como vecinos y voluntarios. Más de un millar de personas participaron durante días en la búsqueda del menor, en el mayor dispositivo desplegado jamás en Gran Canaria para localizar a una persona. Asimismo, hubo una masiva pegada de carteles con el rostro del pequeño, que durante años permanecieron visibles en comercios, vehículos y lugares públicos de toda la isla. Una semana después de la desaparición, la Guardia Civil detuvo a un joven de 27 años que llamó en dos ocasiones para exigir un rescate de 6.000 euros por Yéremi, si bien fue puesto en libertad dos días después al no guardar relación con el caso.

Durante diez años, se han seguido sin éxito todas las pistas e indicios que pudieran permitir encontrar a Yéremi. En noviembre de 2013, la Guardia Civil investigó a tres pederastas escoceses, dos de ellos ya en la cárcel en su país, por si tuvieran alguna relación con la desaparición del menor. Los tres estaban en marzo de 2007 en Gran Canaria y tenían relaciones de amistad y de trabajo en el barrio de Los Llanos, donde se ubicaba la vivienda familiar de Yéremi, muy próxima al solar donde jugaba con sus primos cuando desapareció. Uno de los reclusos cumplía cadena perpetua en una cárcel escocesa por homicidio y desaparición de una madre y agresión sexual al hijo de ésta, mientras que el otro preso también estaba condenado por agresiones a menores. El tercero, en libertad, fue investigado en varias ocasiones por el mismo delito.

En septiembre de 2015, un ciudadano encontró de forma casual un cráneo cuando paseaba por un solar de la zona de El Doctoral y, aunque en principio se pensó que podía tener relación con Yéremi, finalmente se comprobó que pertenecía a una mujer mayor.

En junio de 2016, un antiguo vecino de Vecindario, Antonio Ojeda, «El Rubio», se convirtió en el principal sospechoso del posible homicidio del pequeño Vargas, por una serie de indicios que lo sitúan en el mismo lugar donde se perdió su rastro el 10 de marzo de 2007 y por varios comentarios que había hecho en la prisión de Algeciras (Cádiz), alardeando de saber lo que pasó. Sin embargo, hasta ahora, «El Rubio» nunca ha admitido ni ante la Guardia Civil ni ante el juez ser el responsable de lo que le pasó al niño. A pesar de ello, está imputado en la posible muerte (sobre él pesan cargos de detención ilegal y homicidio) de Yéremi Vargas, después que la Guardia Civil haya reunido pruebas que le señalan como principal sospechoso de la desaparición del niño.

En diciembre de 2016, «El Rubio» fue condenado a cinco años de cárcel por agredir sexualmente a otro menor en 2012, al que abordó cuando jugaba solo en una calle de El Doctoral (una localidad colindante con Vecindario). Le engañó para que le acompañase a su chabola con la promesa de que le iba a regalar una bicicleta y, una vez allí, lo agredió sexualmente. Esa condena le fue comunicada a «El Rubio» ya en la prisión de Juan Grande, en el sur de la isla. Su compañero de celda en aquellos momentos explicó después al juez que Ojeda estaba tan abatido, que cuando le preguntó qué le pasó a Yéremi, le contó:«Se me fue de las manos, echó a correr y tuve que desaparecerlo».

En un sinvivir

El giro que ha dado el caso en el último año, desde que la Guardia Civil detuvo a «El Rubio», como sospechoso de la desaparición de Yéremi, ha sido «algo bueno», según Ithaisa Suárez, porque ya saben «quién se lo llevó», aunque también ha significado «un palo» averiguar «que ha sido un pederasta, porque el final del niño ha podido ser terrible». La madre confía en que la Justicia consiga hacerle revelar «dónde está» su hijo, porque la familia Vargas-Suárez está convencida de su culpabilidad, por todos los indicios que apuntan a ello. «Son muchas las sospechas», dice. Por ello, indica que tienen todas las esperanzas puestas en que la Justicia les ayude, aunque añade que ha sido «terrible» que el juez encargado del caso haya rechazado las dos últimas pruebas propuestas por su abogado: reconstruir lo que pudo ocurrir el 10 de marzo de 2007 y someter a «El Rubio» a un careo con los presos que han testificado que le han oído contar cómo murió Yéremi.

La familia ha recurrido esta decisión, relata Suárez, quien afirma que están «desesperados», especialmente su padre, que ha salido a buscar a su nieto por el barranco donde creen que «El Rubio» pudo haber arrojado al niño. Ella misma dice que «no puede comer, tiene muchos nervios y vomita». Cuando recibe noticias relacionadas con su hijo, ya no le salen lágrimas. «Ahora nos ponemos enfermos», dice la madre de Yéremi, que ya no puede llorar, aunque sienta «un vacío grande y angustia».

Admite que en estos años las instituciones se han portado muy bien con ella y que la Guardia Civil es ya «como de su familia», especialmente el equipo de la Unidad del Crimen Organizado, y recomienda a quienes sufren casos como el suyo que luchen hasta el final y no paren de buscar a sus seres queridos. En su caso, señala que su familia mantiene la esperanza y por eso no se cansa de recibir a los medios de comunicación para que su hijo no caiga en el olvido, ni tampoco de recordar la última vez lo vio. «Eso fue horrible, una pesadilla, parecía que se iba a hundir el mundo. Fue inexplicable», señala Suárez, quien manifiesta que, tras regresar de comprar pollos para comer, aparcó el coche junto a la casa de sus padres y el solar donde su hijo estaba jugando con sus primos pequeños. Ella afirma que lo vio al entrar en casa y que lo último que recuerda que le dijo fue «sube a comer Yeri» y él le contestó «vale mami». «Todo es injusto», se lamenta.

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