Cuatro vídeos demuestran el acceso a armas de los «yihadistas de Madrid»

Cuatro vídeos entregados por el confidente «Lolo» a los agentes de la Brigada Provincial de Información demuestran que tanto ese[…]

Cuatro vídeos entregados por el confidente «Lolo» a los agentes de la Brigada Provincial de Información demuestran que tanto ese individuo como al menos uno de los conocidos como «yihadistas de Madrid» tenían acceso a armas. No ya porque en dos de ellos se les vea manipular un kalashnikov, que según varios expertos es auténtico, salvo la correa -otras fuentes creen que podría ser simulado-, sino porque en otro se ve un disparo realizado con una pistola del calibre 9 milímetros contra el techo de una habitación en la que está uno de los sospechosos. El impacto provoca la caída de escayola.

Esta circunstancia, junto con el hecho de que los arrestados lanzaran en esos vídeos proclamas inequívocamente yihadistas fue lo que desencadenó la operación policial, ahora puesta en cuestión por las declaraciones de los dos arrestados, del confidente y en alguna medida por el auto del instructor, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que el miércoles excarceló a los dos arrestados.

Comienzo del caso

Las investigaciones comenzaron en 2015, cuando un agente de la comisaría de Moratalaz comunicó a la Brigada de Información de Madrid que un colaborador le había relatado que había un grupo internacional de traficantes de armas que tenía contactos con personas árabes. El asunto se judicializó en el Central 1 de la Audiencia Nacional. Ya en mayo de 2016 se vio que sería necesaria la utilización de un agente encubierto, Tango, para que se relacionara con los ambientes delincuenciales por donde supuestamente se movían los sospechosos. Pedraz dio la autorización necesaria.

La figura del agente encubierto permite acompañar las actividades delictivas de los investigados, pero en ningún caso provocar un delito. No hay una sola prueba de que Tango se saltara esa norma; es más, según las fuentes consultadas por ABC informó puntualmente de todos sus movimientos.

En junio del año pasado entra en escena el confidente, «Lolo», que llega a la Brigada a través del agente de Moratalaz. Se comunica verbalmente al fiscal que hay una persona del entorno de los investigados que aporta información. Hijo de un legionario de etnia gitana y una marroquí, en septiembre acude a dependencias policiales y dice que quiere ser testigo protegido.

Los investigadores comienzan a investigar la veracidad de los datos que suministra, que son descartados en un 90 por ciento. Entre ellos, que un comando procedente de Marruecos iba a atentar en España. Pero sobre todo llama la atención su actitud, ya que más que suministrar información lo que parece interesarle realmente es conocer los detalles del caso. Por ello los agentes prescinden de él, lo que también comunican a la Audiencia Nacional, que va conociendo las vicisitudes de las pesquisas mediante conversaciones informales, como es habitual.

Sí se identifica, en cambio, a un grupo de jóvenes musulmanes que supuestamente eran radicalizados por un tal «Abdul», que se movía por la mezquita de Valdebernardo. En su momento habría utilizado la cobertura de una Escuela Coránica no registrada, cerrada en los primeros meses de este año. Y según informaciones recibidas por la Policía era sospechoso de ser quien compraba las armas. Este individuo habría asistido a reuniones en la «Cabaña» con los otros investigados antes del verano, según los datos recibidos, pero no volvió después de vacaciones. Ahora está a punto de regresar a su país.

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En septiembre la Brigada informó de la existencia de esa «Cabaña», a la que se llega a través de «Lolo», pero no se comunica al agente encubierto para no contaminarlo. El 23 de ese mes «Tango» recibe un Whatsapp de un tal José -luego resultó ser «Lolo»- que le pide un cargador para un kalashnikov. Con conocimiento judicial el agente encubierto le vende uno por 65 euros. Posteriormente hay otra reunión a la que además de «Lolo» acude Sammir Sennouni, Edrissa Ceesay y un tipo enmascarado. Edrissa lleva la voz cantante y le pide 2 kalashnihov, 2 pistolas Glock, 20 cajas de munición y granadas. Quiere pagar a «Tango» 6.000 euros por ello, pero éste les dice que solo cobra tras entregarles el armamento para salir del paso. Aún recibirá un mensaje de otro de los investigados preguntándole por el material.

Para garantizar que no eran «maderos», «Lolo» entregó al agente encubierto los cuatro vídeos ya citados y unas fotografías. Los detenidos explicaron a la Policía que alguno fue colgado en Youtube; otro, diferente de los cuatro anteriores, en Instagram.

En diciembre la investigación está agotada y solo se puede avanzar con detenciones y entradas y registros. Se intervienen cinco cargadores, munición y ordenadores, aún no analizados. También una tarjeta digital borrada con etiquetas que ponen ISIS España.

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El juez considera ahora que no hay enaltecimiento terrorista y actúa en consecuencia. Lo que no significa que la investigación no fuera correcta.

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