Clamorosos fallos en el plan de emergencia griegos evidencian la ineficacia del Estado

Más de 80 muertos, casi 200 heridos y un número aún incierto de desaparecidos son parte del balance de los graves fallos del plan estatal de emergencia ante los fuegos de la región de Ática. El terreno de sequedad y calor estaba abonado para la tragedia forestal en el país, pero nadie podía predecir en la tarde del lunes que lo que parecía un fuego veraniego iba a desencadenar en la mayor «tragedia nacional» que se recuerda en el país heleno.

Las fotos aéreas de las zonas incendiadas en la costa de Ática muestran 50 focos simultáneos, prendidos en tres frentes a la vez, lo que ha llevado a las autoridades a sospechar que son incendios provocados por el hombre. Algo frecuente en verano en un país donde ni el catastro ni los mapas forestales están terminados y donde siempre se quiere edificar más, sobre todo en zonas que antes fueron bosques. Las graves consecuencias de estos fuegos no hacen más que reflejar la crítica realidad griega, urbanística y también económica, como se criticaba este miércoles desde las portadas de los periódicos nacionales.

Falta de medios

Las condiciones meteorológicas tampoco ayudaron. Los vientos fuertes (más de 120 km/h), temperaturas por encima de los 40º y los bosques llenos de pinocha provocaron que la catástrofe fuera colosal: más de 80 muertos, una cifra que podría incluso alcanzar la centena, ya que los bomberos siguen encontrando cuerpos calcinados en medio de las casas destruidas y que muchas de las personas hospitalizadas se encuentran en estado muy grave.

El aparato estatal una vez más tampoco funcionó. El Plan de Emergencia Nacional está sin revisar y sigue el protocolo utilizado en los Juegos Olímpicos de 2004. Algunos alcaldes de la zona devastada estuvieron desaparecidos durante la tragedia. Fue el caso del regidor de Maratón, una de las zonas más devastadas por la ola de incendios. El edil apareció milagrosamente este miércoles para una reunión de municipios arrasados.

Los afectados por el fuego no recibieron la información adecuada ni una atención coordinada. Una vez más fue la generosidad y la solidaridad de los ciudadanos lo que permitió que muchas personas salvaran su vida. Embarcaciones privadas recogieron en la playa a los vecinos que huían del fuego; capitanes de ferris con sus tripulaciones lograron rescatar a personas que llevaban cinco y seis horas nadando en el mar y muchas familias ofrecieron comida, alojamiento, incluso compañía, mientras los servicios sociales no se aclaraban con lo que debían hacer.

El Plan de Emergencia Nacional está sin revisar

Solo los voluntarios de Protección Civil y de Cruz Roja estuvieron al pie del cañón, ayudando a heroicos bomberos y policías con míseros salarios públicos, inferiores a 950 euros al mes. No hay que olvidar que los presupuestos de los bomberos y de Protección Civil sufrieron serios recortes durante los ocho años que ha durado la crisis y este grave incendio ha puesto en evidencia esas carencias. Lo mismo que en el número de ambulancias, que fueron insuficientes para atender a los heridos.

Dos días después de la mayor tragedia nacional, este miércoles tocó depurar responsabilidades. El ministro de Marina, Panayotis Kuruklis, un abogado y antiguo sindicalista ciego, apuntó en exclusiva al primer ministro, Alexis Tsipras. Pero responsables hay muchos. Los bomberos habían avisado de la falta de medios. Durante el fin de semana estaban esparcidos en puntos del territorio, ya que había fuegos en muchos lugares.

Las administraciones del Estado tardaron en especificar quien debía registrar los fallecidos y los hospitales a los que se debía derivar a los heridos. La información también falló. Los familiares no sabían dónde informarse sobre sus parientes desaparecidos. Erró también la coordinación de la administración estatal con la local, que con la crisis cuenta con menos fondos. «Nadie nos avisó, nadie nos dio orden de evacuación», aseguró el alcalde de Rafina, uno de las localidades más afectadas.

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