Cientos de miles de turcos arropan a Erdogan tras un año de represalias

«Estamos aquí para evitar que vuelva a ocurrir un nuevo golpe». Rüya Karabag explicaba con firmeza por qué se sumó a la masiva marcha para conmemorar la derrota de los golpistas durante el alzamiento militar del 15 de julio de 2016, que ya ha pasado a formar parte de la memoria colectiva turca como una de las jornadas más trágicas de su reciente historia.

Esta funcionaria del Ayuntamiento de Estambul resumía, camino al puente del Bósforo, ahora denominado de los mártires del 15 de julio, el sentir de las decenas de miles de personas que acudieron al acto de rememoración. «Ver a tanta gente me hace sentir que esta nación está unida y que nunca más nadie podrá dividirla». Según medios locales, se llegaron a reunir cientos de miles de personas, a los que se dirigió Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía y figura venerada por cerca de la mitad del país euroasiático.

El ambiente festivo reinaba entre las numerosas familias y grupos de jóvenes y adultos que se unieron al acto. También había mucha presencia de hombres con vestimentas musulmanas tradicionales, así como de mujeres, tanto con el cabello al aire como con velo. A diferencia de lo sucedido en el multitudinario mitin de la oposición de la semana pasada, los retratos del fundador de la República, Mustafá Kemal Atatürk, brillaban por su ausencia. El gran protagonista tenía otro nombre. Retratos de Erdogan colgaban de calles cercanas al puente y numerosos ciudadanos portaban banderas con su rostro y carteles con su nombre.

«Es Erdogan quien ha traído a Turquía la democracia de la que tanto habla Europa», comentaba Aziz Kiliç
«Erdogan es la esperanza, no solo de este país, sino de todo Oriente Próximo

Además de Erdogan, los retratos de las 249 personas que perdieron la vida en aquella sangrienta noche, los «mártires del 15 de julio», también estuvieron muy presentes. Aziz, por ejemplo, sujetaba con fuerza el cartel con el rostro de Emrah Sapa, un joven de 31 años que fue asesinado en Ankara. «No, no lo conocíamos, pero todos son nuestros mártires y por ello les debemos mostrar todos nuestros respetos».

Dos teorías

Los actos se sucedieron ayer en las dos ciudades más grandes del país, Estambul y Ankara. En la capital, todos los partidos políticos participaron en una sesión parlamentaria extraordinaria para condenar el alzamiento militar. Momentos de unidad como este son escasos en el panorama político y social turco. Y no suelen durar mucho. Justo hace un año también todas las formaciones realizaron un escrito conjunto de repulsa el día posterior al golpe. No obstante, entonces como ahora, las fracturas no tardaron en llegar.

Ya en la madrugada pasada, mientras Erdogan pronunciaba un comunicado en el Parlamento a la misma hora que los golpistas bombardearon la sede del legislativo turco hace un año, no había diputados de todos los partidos.

El principal partido opositor, el socialdemócrata CHP continúa defendiendo que lo ocurrido hace un año fue «un golpe controlado», una teoría con pocos seguidores en los alrededores del puente del Bósforo. Para Erdogan, y para sus más incondicionales, Fetula Gülen, el poderoso clérigo exiliado en Estados Unidos, es el cerebro detrás del golpe de Estado. Entre la multitud de Estambul, de hecho, se podían ver muñecos de Gülen, uno en forma de ahorcado y otro con el mono naranja propio de los presos de Guantánamo.

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