Chipre, el corralito y Lacalle

Es muy políticamente incorrecto lo que voy a escribir a continuación. Y de muy mala educación. Indica además muy mala[…]

Es muy políticamente incorrecto lo que voy a escribir a continuación. Y de muy mala educación. Indica además muy mala leche. Pero me ha hecho mucha gracia ver coincidir la publicación del libro del celebrado Daniel Lacalle con el corralito de Chipre. Porque lo que les sucede a los chipriotas es, ni más ni menos, lo que ocurre cuando se hacen realidad los deseos de Lacalle.

Lacalle incurre en la demagogia más burda cuando defiende que no hay que salvar a los bancos. No salvarlos lleva consigo que los ahorradores pierdan, como van a perder en Chipre. Y hablamos de ahorradores puros y duros, de los que tienen un dinero en una cuenta corriente o, todo lo más, en un depósito, los que ni siquiera se han dejado tentar por una preferente con una rentabilidad del 8%.

Rescatar a los bancos es salvar a sus depositantes, evitar el pánico y el sufrimiento. Esperemos que, al final, Chipre tenga éxito con la renegociación y se salven íntegramente los depósitos de menos de 100.000 euros. 

Alguien puede pensar: pues salvemos a los depositantes y que el banco se vaya al carajo. No nos engañemos: la operación sería mucho, muchísimo más cara para el contribuyente. Pongamos, por ejemplo, el caso de Bankia: se le han inyectado casi 25.000 millones de euros de dinero público. Si se hubiera querido liquidar el banco salvando a sus depositantes, habría que haber puesto sobre la mesa casi 100.000 millones de euros.

Otra cosa es lo que se haga con las entidades nacionalizadas y con los gestores que hicieron necesario el rescate. En Estados Unidos hace ya cerca de cinco años prácticamente todos los bancos tuvieron que pasar por el aro y admitir al Estado en su capital. Incluso el saneadísmo JP Morgan. El Estado, que les impidió incluso el reparto de dividendos y la recompra de acciones, ha recuperado, y con creces, su inversión. Y, además, con las políticas del presidente Barack Obama y la Reserva Federal, se ha conseguido incluso redistribuir, aunque sea un poco, seguro que de manera insuficiente, esa plusvalía entre los americanos.

Allí ya crecen y crean empleo. ¡¡Con esas políticas tan terribles a ojos de Lacalle, que habla de represión financiera por los tipos bajos y la impresión de billetes de la Reserva Federal!! ¡¡Pero si el Dow Jones está en récord y el S&P 500 está a punto de rebasar sus máximos históricos!!

A los americanos, mal que bien, parece funcionarles su política. Pero no es la óptima, claro. Lo ideal es crear, con los bancos nacionalizados, un potente conglomerado financiero público. Ya, ya, lo sabemos, en Estados Unidos hay unas agencias hipotecarias estatales y formaron parte de los culpables del estallido de la crisis de las hipotecas basura. Pero en otras latitudes, por ejemplo, en América Latina, la banca pública funciona estupendamente, como resaltó hace un par de años en Nueva York, en la Universidad de Columbia, quien estuvo a punto de presidir el Banco Mundial, Antonio Ocampo

También, antes de un rescate, antes de que entre un céntimo de dinero público en un banco deberían haberlo perdido todo sus bonistas y sus accionistas, porque ellos sí decidieron arriesgar su dinero comprando esos instrumentos financieros. Pero no los depositantes. No, al menos, quienes tienen menos de 100.000 euros ahorrados, dado que ésa es la cantidad que los Estados europeos convinieron en proteger. Pero lo que ocurre en Chipre es que la mayor parte de los pasivos de la banca son los depósitos de sus clientes. No hay bonistas a los que imponer pérdidas.

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Nosotros no somos los mercados

No, no he leído el libro de Lacalle. Así que caben todas las fustigaciones posibles contra mí. Pero no me voy a privar de criticar otro de sus mantras: dice mucho eso de que los mercados no atacan, sino que se defienden. No me voy a detener ni un minuto en rebatirlo. Pero sí voy a tratar de desmontar la segunda parte de esa frase. Porque añade: "y los mercados somos todos".

¿De verdad los mercados somos todos? A mí me gustan mucho las estadísticas. Y me he ido a la encuesta financiera de las familias que elabora el Banco de España cada tres años. La última publicada corresponde al año 2008. Casi ni había empezado la crisis. Casi estábamos todavía en los buenos tiempos. ¿Es cierto eso de que en ese momento los mercados éramos todos? ¿Todos invertíamos? ¿Todos teníamos la capacidad de hacerlo?

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El 22,9% de los hogares tiene cuentas y depósitos para realizar pagos. Cuentas corrientes y molientes donde, a los más afortunados, nos ingresan la nómina y por la que nos van pasando las facturas. El 25,9%, cuentas no utilizables para realizar pagos (imposiciones a plazo) y cuentas viviendas. El 18,2% tienen planes de pensiones y seguros de vida de inversión o mixtos. Si hablamos de acciones, el porcentaje baja hasta el 9,3%. Sólo el 7,1% de los hogares invierte en fondos de inversión. Y únicamente un 1,8%, en renta fija.

Además, por niveles de riqueza, el ahorro (o, mejor, la inversión) en otros productos diferentes a las cuentas corrientes y a los depósitos está muy concentrada. Los hogares situados en los percentiles más bajos (del 0 al 50, es decir, la mitad más pobre) tienen sus activos financieros fundamentalmente en cuentas corrientes para efectuar pagos (un 43,8%); un 14,6% en planes de pensiones; sólo un 3,1% en acciones; únicamente un 4,3% en fondos de inversión; y un escueto 0,8% en títulos de renta fija.

En cambio, el 10% más rico tiene su patrimonio financiero fundamentalmente en depósitos (un 23,9%) y en menor proporción en cuentas para efectuar pagos (14,7%), pero tiene un buen porcentaje de sus ahorros en acciones (12,7%), en fondos de pensiones (14,6%), en fondos de inversión (8,6%), y en renta fija (1,6%).

Hay que tener en cuenta que estamos comparando -la estadística del Banco de España no nos permite hacer otra cosa-, al 50% de la población "más pobre", con la heterogeneidad que se adivina en su seno (desde las clases más humildes hasta la presunta clase media, desde los hogares que tienen una renta anual media de 8.100 euros hasta los que no llegan a los 25.000 euros), con el 10% más rico, cuya renta anual media es de 106.700 euros.

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No sólo es importante ver estos porcentajes y sus rentas, también es esencial comprobar a cuánto asciende la riqueza del 50% más pobre y la del 10% más rico: hasta un máximo de 123.100 euros frente a 1.272.700 euros, ambas cifras, de media.

Pero, claro, según Lacalle, los mercados somos todos.

Yo diría que ni siquiera lo son la mayoría de los que se encuentran en el percentil más elevado. Tendrán mucho dinero, pero no son ellos los que deciden dónde colocarlo, cómo moverlo.

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