La proximidad de la final afila los cuchillos: «Ya no hay amigos, a cara de perro»
La octava gala de esta segunda temporada de Masterchef Celebrity vino cargada de retos que no pusieron nada fácil a[…]

La octava gala de esta segunda temporada de Masterchef Celebrity vino cargada de retos que no pusieron nada fácil a los aspirantes la permanencia en sus fogones. Se nota que el programa ya afronta su recta final, y empieza a salir a la luz el lado más competitivo de los concursantes. Cada vez son más frecuentes las discusiones entre ellos y las tensiones en los cocinados en equipo. Las pruebas, además, se vuelven más complicadas y nuestros famosos deben entregarse al máximo para cumplir con ellas.
En la primera de las fases, los aprendices debieron reproducir de los platos de seis importantes chefs. Los niveles de dificultad de cada receta variaba mucho, yendo desde platos bastante sencillos hasta otros que precisaban de complicadas técnicas culinarias. Saúl Craviotto, uno de los grandes favoritos de MasterChef Celebrity, fue el ganador de la prueba, a pesar de tener una de los platos más dificiles. La peor fue Anabel Alonso, que se tuvo que poner el delantal negro y se clasificó directamente para la prueba de eliminación.
Durante el veredicto del jurado en esta prueba empezaron a saltar las primeras chispas entre los concursantes, especialmente entre Anabel Alonso y Saúl Craviotto. La actriz estaba dolida por las duras críticas que había recibido su plato, y cuando oyó al jurado elogiar el trabajo de Craviotto empezó a mascullar: «¿Os habéis dado cuenta de que Samantha tiene preferencia por Saúl? De él le gusta todo. el emplatado, el no emplatado...», dijo pretendiendo insinuar que a la presentadora le atraía el concursante.
El roce entre ambos se trasladó a la siguiente prueba, la de exteriores, en la que los aspirantes trabajan en equipo. Esta vez, MasterChef Celebrity visitó la Ribera Sacra, en Galicia, en compañía del actor Francis Lorenzo. Los capitanes, Craviotto y Montero, debían conformar su equipo, y el primero fue muy claro: «No quiero ni a Anabel ni a Edu en mi equipo, así que por descarte...» No le sentó nada bien a la actriz, que se lo reprochó: «Después de lo que he hecho por ti, ¿ahora no me escoges?»
Pero las cosas no quedaron ahí, pues los guionistas de MasterChef inventan trucos cada vez más endiablados para complicar las cosas. En esta ocasión, decidieron que cada capitán se quedaría con el equipo del contrario, por lo que Saúl debería trabajar con sus dos «descartes»: Anabel y Edu. Hubo todavía otro cambio respecto a la dinámica habitual del programa. Al capitán se le daba el derecho de elegir qué miembro del jurado (Samantha, Pepe o Jordi) juzgaría su trabajo. Anabel le rogó que no escogiese a Jordi Cruz por tenerle manía y, como a propósito, Saúl escogió a Jordi Cruz. A pesar de ello, finalmente se erigieron como el equipo ganador de esta prueba de exteriores.
En la prueba de eliminación, además de Anabel, tuvieron que participar Silvia Abril, José Corbacho y Patricia Montero, a los que se les encomendó la preparación de un postre. Anabel Alonso fue muy clara con la estrategia a seguir en esta etapa del programa: «Ya no hay amigos, a cara de perro».
A pesar de la filosofía con la que encaró esta recta final, la prueba no pudo haberle salido peor a la actriz, que no llegó ni a entregar el plato. Un error en el pesaje de los ingredientes del que se dio cuenta cuando estaba acabándose el tiempo la condenó a la expulsión.