La infidelidad de las parejas seriéfilas
En la vida de toda pareja que ve series llega el momento en que un miembro decide continuar sin el[…]
En la vida de toda pareja que ve series llega el momento en que un miembro decide continuar sin el otro.
Llegas tarde de trabajar, o sales a cenar, y al volver ella se ha visto los episodios 3 y 4 de «The Girlfriend Experience».
Sabes entonces que esa serie, que no tenía mala pinta, ya no vas a verla más. La ves alejarse como un barco en el puerto. Adiós, Ray Donovan. Adiós, Nashville.
Las series que dejan de verse por la pareja suelen ser muy buenas. Tanto que la tentación hace que uno se olvide del otro por su propio placer. Esto es, técnicamente, una infidelidad. Tira de Netflix sin ti, te pone cuernix.
Con la costumbre de ver las series en portátiles es casi imposible que no suceda.
El portátil de la seriéfila está siempre en el sofá o incluso en la cama. Ha ocupado el lugar del perro. Lo veo ahí, abierto, reducido a la condición de minitele.
- Míralo, lo has convertido en un electrodoméstico. ¿Y para esto sufrió Alan Turing?
De niño mis padres me regalaron un Amstrad, y como estaba siempre jugando al Robocop me llamaron:
- Hijo, estamos un poco decepcionados. Pensábamos que ibas a programar.
Ya no aspiramos a estar a la altura de nuestra tecnología. Con los ordenadores cuánticos veremos entrevistas enlatadas de Bertín.
Las series territorializan la casa. Es como una discusión o el suelo recién fregado.
El miedo al spoiler obliga a atravesar el salón a la carrera mirando al lado contrario como Stephen Curry después de meter un triple.
Cuando eres tú quien la ve, ella se acerca.
- ¿Y por dónde vas?
- No me digas nada.
- Ah, ya? por ahí.
Y entonces achina los ojos y sonríe con la condescendencia de alguien que viniera del futuro.
- Tú aún no has visto nada.
Ahora, cuando quedan varias parejas, siempre hay alguien que suelta: ¿Y qué series estáis viendo ahora?
Se da por hecho que las parejas ven cosas como pareja. Ni se les ocurre pensar que no sea así. Es más, se miente mucho. «Pues... 'Juego de Tronos'». Parece que, si no, eres como los de Matrimoniadas.
Estas conversaciones son como una previa de las conversaciones sobre niños.
Pero es así. Una pareja son sus ficciones.
Un intento de recomponer la relación televisiva es el maratón de series. «La cuarta de 'House of Cards' del tirón, ¿te atreves?».
A partir de la segunda hora se trata de evitar como sea que el otro se duerma. Si uno duerme, el otro no puede seguir. Sería otra traición. Se establece entonces una secuencia cabezada-susto que parece eso el AVE o un experimento pavloviano, y encima hay que estar a cada rato haciendo el «previously...».
Pero por mucha reconciliacion que haya, para esto queda una memoria imborrable: «Tú no vayas de bueno, que me lo hiciste con 'Fargo'».
Sí, pero a mí, y es lo que peor llevo, me lo hicieron con «Mad Men». Me encantaba esa serie y ella no me esperó. No pudo resistirse a ver capítulos de Don Draper uno detrás de otro. Ni pensar lo que hubiera pasado con Don Draper en persona. ¿Pero lo dudas, Hughes?
Bueno, no.
