La bolsa de Japón, entre la medicina del BOJ y el miedo a China

El año pasado fue una de las más rentables del mundo. Sin embargo, este año sufre tanto como el resto por el miedo a la ralentización económica de China y la volatilidad. ¿Servirá la última medida de su banco central para insuflar fuerzas?

Desde que Shinzo Abe llegó al poder en Japón y empezó a hacer políticas expansivas, la bolsa japonesa ha destacado entre el resto de sus pares mundiales. El índice Nikkei subió un 9 por ciento el año pasado, un 7 por ciento en 2014, un 56 por ciento en 2013 y un 22 por ciento en 2012. Sin embargo, el selectivo sufre tanto como el resto este ejercicio, en el que ya lleva un 9 por ciento de caída ante la debilidad económica china y la incertidumbre generalizada. Un retorno negativo comparable al 10 por ciento que ceden el Ibex y el DAX; o al 7 por ciento que se deja el Dow Jones.

Pero, recientemente, una medida del banco central de Japón dio alas a la esperanza. En concreto, el BOJ aprobó aplicar tipos de interés negativos a cualquier nuevo exceso de reservas que el sector bancario deposite en la institución, con el objetivo de impulsar el crédito y la inflación y, con ellos, el crecimiento económico (además de devaluar la moneda). La medida fue aplaudida por los inversores y provocó un mini-rally de dos días, pero su efecto ya se ha esfumado en parte de las cotizaciones, al compás de las caídas en el resto de las bolsas mundiales. En ese sentido, los expertos debaten sobre su capacidad para insuflar nuevas fuerzas al mercado japonés.
Según algunos analistas como Keith Wade, de Schroders, uno de los problemas radica en que la adopción de nuevas medidas por parte del BOJ se produce como consecuencia de la debilidad de la situación económica y también refleja el conflicto que supone la reciente apreciación del yen, principal damnificado de la devaluación de la divisa china durante los últimos meses. De hecho, el propio BOJ modificó su previsión de inflación a la baja el mismo día en que aprobó la medida.

«Es muy poco probable que el movimiento tenga un impacto positivo en la economía y, probablemente, también fracasará en su objetivo de debilitar el yen», critica Simon Ward, de Henderson. 

En ese sentido, para predecir el rumbo que adoptará la economía en el futuro próximo, van a ser cruciales las negociaciones salariales previstas para esta primavera (si suben los salarios, también lo hará el consumo y la inflación), así como los datos económicos que vayan saliendo. De hecho, en Lombard Odier y en Julius Baer no descartan que el BOJ incremente su programa de compra de activos si estas circunstancias se van torciendo. «Kuroda está listo para ir más a fondo», ha dicho al respecto Susan Joho, de Julius Baer. 

El problema, según Víctor Alvargonzález, director de inversiones de Tressis, es que el BOJ ha agotado ya gran parte de su margen de maniobra, por contraposición al Banco Central Europeo donde, a su juicio, aún queda arsenal.

En todo caso, el mayor problema de Japón (y del resto de los mercados) es China, a juicio de Alvargonzález. «No habrá ningún rebote ni en Japón ni en ningún sitio que tenga consistencia ni sea duradero hasta que China convenza al mundo de dos cosas: una, que tiene bajo control el aterrizaje de su economía y, dos, que no pretende solucionar su exceso de capacidad de producción y sus burbujas mediante devaluaciones de su divisa». 

¿Quién apuesta por Japón?

Pese a todas estas debilidades, son muchas las gestoras que están sobreponderadas en Japón, como es el caso de Robeco, que ve su estrategia reforzada por la última decisión del Banco de Japón.

También Homin Lee, especialista en Asia de Lombard Odier, cree que los tipos negativos pueden favorecer a la economía del país. «Si el sector bancario responde positivamente a este nuevo incentivo, el aumento del crédito puede acelerarse y elevar la inflación doméstica a pesar del ambiente externo negativo», dice.

En España, también pueden encontrarse ejemplos de gestores optimistas con la bolsa japonesa.

Celso Otero, gestor del fondo de bolsa japonesa de Renta 4, defiende que la renta variable nipona es una de las que tiene mayor potencial junto con la europea (siempre que no haya una recesión global) ante la debilidad de su moneda, un banco central comprometido y unos crecimientos de los beneficios por encima de la media.
También Henrik Lumholdt, analista de Inversis, explica que Japón está en su cartera, aunque prefiere el mercado europeo, cuyo perfil de riesgo-retorno le gusta más. En cuanto a los tipos negativos del BOJ, Lumholdt cree que es un punto de apoyo para la bolsa. «Crean un incentivo para buscar rentabilidad en otras clases de activos que no sean depósitos o bonos del estado, y la bolsa es la alternativa más obvia», dice. 

Por su parte, Jaume Puig, de GVC Gaesco, califica de positiva la medida del BOJ y confía en el potencial del mercado japonés para abandonar las pérdidas anuales gracias a la debilidad del yen (está disparado respecto al verano, cuando China comenzó a devaluar su moneda, pero en la comparación histórica se sitúa en mínimos de varios años). También ayudará la mejora del consumo y del sector inmobiliario, a su juicio. En ese sentido, respecto a los sectores y valores que resultan interesantes en el momento actual, Puig prefiere los dependientes de la economía local que, «pase lo que pase en el mundo, van a subir». «Tenemos preferencia por valores más orientados hacia la economía doméstica y los servicios, es decir, los que están menos expuestos a la economía global», coincide Lumholdt.

A Celso Otero, por su parte, le gustan compañías con elevados retornos del capital empleado, beneficios sostenibles y visibilidad de futuro como Daikin, Mitsubishi, Isuzu o Hitachi. No le gusta la banca precisamente por los tipos negativos.

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