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18 de Marzo de 2010
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La banca debe cambiar su visión del cliente

09/12/2009
Insistir en las estrategias del pasado sólo puede conducir a nuevas crisis; hacen falta iniciativas que ayuden a la regeneración del sector financiero.

Como industria hemos causado mucho daño»; «se racionalizaron inapropiadamente los riesgos»; «no contemplábamos la posibilidad de que los precios de la vivienda dejaran de subir»... Éstas y otras frases sorprendentes las acaban de pronunciar los responsables de la gran banca norteamericana ante la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera. Entonan así un «mea culpa», mientras (no sólo en Estados Unidos) claman contra los intentos gubernamentales por controlar los bonus o por aplicar nuevos impuestos a los bancos.

La gran banca norteamericana ha reconocido en parte sus errores, ha achacado otra parte del problema a la fatalidad... pero no ha realizado ni una sola propuesta para evitar volver a caer en las mismas equivocaciones. Aunque sería su obligación responder con soluciones propias al gran esfuerzo que los contribuyentes están haciendo para evitar que el sistema financiero se colapse. Al poner cientos de miles de millones sobre la mesa para ayudar a los bancos, los Gobiernos están reconociéndoles su papel fundamental como aparato circulatorio de toda la economía, les están confirmando en su importante rol social de permitir que el dinero fluya con facilidad por todo el sistema productivo. Pero parece que los mismos banqueros imprudentes que nos metieron en esto no están dispuestos a responder a esta confianza y a este esfuerzo que se está realizando para rescatar a los bancos. En respuesta a esto, sería necesario que alguna entidad, o algún grupo de entidades, se esforzara por rediseñar su papel para poner el enfoque en las necesidades del cliente, y no sólo en la comercialización de productos.

Los bancos deberían recuperar el viejo lema de que «más vale hacer un cliente que una venta». Vender cualquier cosa a cualquier cliente, con el único propósito de cumplir objetivos comerciales a corto, ya vemos dónde nos ha llevado: a perder los clientes y a generar daños colaterales en todo el entramado económico. Si la banca quiere recuperar el prestigio perdido, debe comprender que su papel fundamental (además del tradicional de canalizar la liquidez) no es vender estructuras diseñadas sólo para lograr un beneficio rápido y fácil, sino acercarse al cliente con el debido asesoramiento, ofreciéndole los productos que realmente le interesen. De lo contrario, volverá a entrar en la espiral de inventarse productos de alto riesgo y capaces contaminar otra vez a todo el sistema financiero.

Ha llegado el momento de que los bancos entierren las estrategias cortoplacistas que estuvieron en el germen de la crisis. Es la hora de asesorar, no sólo de vender, aunque eso suponga ganar menos a corto plazo. Las entidades deben sacrificar una parte razonable de sus resultados de hoy para asegurar un entorno más estable y prometedor en el futuro.








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