La deuda francesa ya supera en riesgo al 38 % de los bonos empresariales del país

El 38 % de la deuda empresarial francesa con grado de inversión ofrece menos rentabilidad que los bonos del Estado a plazos similares

L’Oréal figura entre las multinacionales francesas cuya deuda inspira más confianza a los inversores que los bonos del Estado francés.

Los inversores exigen más intereses por prestar dinero a Francia que a muchas de sus empresas. Casi 215.000 millones de euros en bonos corporativos franceses cotizan con rentabilidades inferiores a las de la deuda pública a vencimientos similares, una señal de cómo los problemas presupuestarios del país están alterando la percepción del riesgo.

La cifra se ha multiplicado por casi 18 desde comienzos de 2026, cuando apenas alcanzaba los 12.000 millones de euros. Según los datos recopilados por Bloomberg, el fenómeno afectaba el miércoles al 38 % de la deuda empresarial francesa con grado de inversión, la categoría que agrupa a los emisores considerados más solventes.

La deuda soberana suele ocupar el primer escalón de seguridad en los mercados. En Francia, esa jerarquía se debilita ante el incumplimiento de los objetivos de déficit, el bloqueo presupuestario y unas elecciones presidenciales que podrían cambiar de forma sustancial el rumbo del país.

El volumen de bonos empresariales franceses con menor rentabilidad que la deuda del Estado pasa de 12.000 a 215.000 millones de euros entre enero y octubre de 2026.

El refugio está fuera

Mientras pierde fuerza la confianza en el Estado, compañías con una amplia actividad internacional, como L’Oréal y TotalEnergies, se convierten en alternativas para quienes buscan seguridad.

«La evolución de la deuda soberana francesa y la del crédito empresarial se han desvinculado cada vez más», explica Elisa Belgacem, estratega sénior de crédito de Generali Investments.

Según Belgacem, las empresas y los bancos mantienen una demanda sólida entre los inversores, que valoran tanto su situación financiera como las rentabilidades que ofrecen sus bonos.

Para Edward Farley, responsable de deuda corporativa europea con grado de inversión en PGIM, la clave está en el origen de los ingresos. En grupos como L’Oréal o LVMH, considera que el domicilio social es prácticamente el principal vínculo con Francia.

Su presencia en otros mercados permite a los inversores separar las perspectivas del negocio de las dificultades presupuestarias francesas.

Air Liquide lo demuestra

La última colocación de Air Liquide ofrece un ejemplo. El fabricante de gases industriales recibió el martes solicitudes de compra por unos 12.500 millones de euros para una emisión de 2.000 millones.

La demanda multiplicó por más de seis el importe ofrecido. Los dos tramos a tipo fijo se colocaron con rentabilidades inferiores a las de los bonos soberanos franceses a plazos comparables.

La operación muestra hasta qué punto los inversores están dispuestos a distinguir entre el riesgo de una empresa y el de su país de origen. Una compañía con negocios diversificados y unas cuentas sólidas puede encontrar mejores condiciones de financiación que el propio Estado.

La banca sigue ligada

Farley es más prudente con los bancos franceses. Su relación con las finanzas públicas es más estrecha, tanto por la deuda soberana que mantienen en sus balances como por los préstamos que conceden a familias y empresas.

Estos créditos están expuestos a las consecuencias económicas de las decisiones del Gobierno. Una política que debilite la actividad puede acabar deteriorando la capacidad de pago de los clientes.

El mercado ya refleja esa vulnerabilidad: el coste de asegurar los bonos de los bancos franceses frente a un impago ha aumentado con fuerza respecto al de otras entidades europeas.

Por eso, la distancia entre el riesgo empresarial y el soberano resulta más fácil de establecer en algunas multinacionales que en la banca.

Una jerarquía en cuestión

Francia representa un caso extremo de una tendencia que lleva tiempo apareciendo en las economías avanzadas.

Tradicionalmente, los bonos públicos han servido como referencia de seguridad porque los gobiernos pueden subir impuestos cuando necesitan recursos. Pero el crecimiento de los déficits y las dificultades de los políticos para contenerlos restan valor a esa garantía.

En ese contexto, las compañías con balances sólidos y disciplina financiera pueden resultar más fiables a ojos de los inversores.

Hay precedentes. El año pasado, los bonos de Microsoft llegaron a ofrecer temporalmente una rentabilidad inferior a la del Tesoro estadounidense, ante la preocupación por el efecto de las rebajas fiscales sobre las cuentas públicas.

Durante la crisis de deuda de la eurozona ocurrió algo similar con algunos bonos empresariales españoles e italianos. En los mercados emergentes, esta situación es más habitual.

Más allá de las mejores

La incertidumbre política pesa sobre la deuda francesa desde mediados de 2024. Fue entonces cuando Emmanuel Macron convocó elecciones anticipadas tras la dura derrota de su partido en los comicios europeos.

A finales de aquel año, unas pocas empresas ya cotizaban con rentabilidades inferiores a las de los bonos del Estado francés, conocidos como OAT. Ahora, la lista es mucho más amplia y podría seguir creciendo: faltan más de seis meses para las presidenciales y las ventas de deuda soberana empiezan a extenderse a otros mercados.

En condiciones normales, los intereses de la deuda pública sirven de referencia mínima para los bonos empresariales del país. Esa relación puede romperse cuando se deteriora la confianza en el Estado, explica Melissa McCallum, estratega de crédito de Barclays.

Lo singular del caso francés es su alcance. La preferencia de los inversores ya no se limita a las empresas con las mejores calificaciones: numerosos bonos con nota BBB, en la franja inferior del grado de inversión, también ofrecen menos rentabilidad que la deuda soberana a plazos equivalentes.

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