Sara de la Rica: «España bate récords de empleo, pero la gente no vive mejor»

Sara de la Rica advierte de que los salarios crecen menos que el coste de vida y sitúa la educación y la segregación escolar en el origen de buena parte de la desigualdad

Sara de la Rica

Referente en el análisis del mercado laboral y la desigualdad, Sara de la Rica lleva décadas estudiando algunas de las transformaciones que afectan a la sociedad española. Su objetivo es que ese conocimiento no se quede en la universidad, sino que llegue a quienes toman las decisiones.

Presidenta de la Fundación ISEAK y catedrática de la Universidad del País Vasco, De la Rica recibió en junio el Premio Womenvalue 2026 en la categoría de Economía.

Del análisis a la política

Usted desarrolló la mayor parte de su carrera en la universidad, pero hace siete años fundó un centro para generar conocimiento basado en la evidencia científica que mejorara la toma de decisiones en políticas sociales y económicas. ¿Qué le motivó?

Yo hacía investigación para intentar encontrar determinantes que nos ayudaran a explicar las desigualdades por género, clase social o procedencia. Encontrábamos resultados que, en muchos casos, tenían aplicación en la política pública. Por ejemplo, hasta qué punto funcionan las cuotas o hasta qué punto las personas inmigrantes están peor retribuidas.

Pero, cuando estás en la universidad, vives en esa burbuja académica. Dedicas dos años a una investigación que después se queda en un cajón o se publica en una revista. Eso me frustraba.

Porque quienes toman las decisiones no suelen leer revistas académicas...

Ni siquiera les llegan. Tuve la suerte de empezar una cátedra en FEDEA en la que tratábamos de acercar nuestras investigaciones a la sociedad. A partir de ahí surgió la idea de crear un centro que cruzara ese puente y ayudara a transferir el conocimiento a los poderes públicos.

¿Puede contar alguna aplicación concreta de sus investigaciones en políticas públicas?

Hay muchas. Por ejemplo, una institución pública recurrió a nosotros para pedirnos asesoramiento sobre políticas para jóvenes. Sin embargo, nuestro diagnóstico mostró que el verdadero problema estaba en las personas paradas mayores de 45 años que no recibían ninguna prestación.

Ese análisis permitió concentrar los esfuerzos en mejorar el empleo de esas personas.

Otro ejemplo es el diseño de los requisitos para acceder a las rentas mínimas, de modo que lleguen realmente a los colectivos que las necesitan.

Empleo sin bienestar

Las cifras macroeconómicas de España son muy positivas y, sin embargo, existe un fuerte descontento. ¿Por qué?

Tenemos más de 22 millones de personas ocupadas, una cifra completamente histórica. Pero los salarios subieron mucho menos que el nivel de vida y, por tanto, las personas no viven mejor.

Además, tenemos sectores muy volátiles por su estacionalidad, como el turismo, y un proceso de polarización provocado por la revolución tecnológica, que genera ganadores y perdedores.

También llegaron muchas personas de fuera para desempeñar trabajos que no quieren las personas autóctonas. Todo eso abrió la desigualdad en canal.

¿Cómo se puede reducir esa desigualdad?

La educación es el gran reto porque deja una cicatriz en el mercado laboral, que es la principal herramienta para reducir la desigualdad.

Es muy difícil prosperar sin un nivel educativo superior al obligatorio. Pero la probabilidad de ir a la universidad cuando tus padres no son universitarios es muchísimo menor. Ahí empieza todo.

La segregación empieza en el colegio

¿Cómo se puede superar esa barrera?

Mezclando a los niños. Hay que eliminar los requisitos de cercanía para acceder a los colegios.

La segregación escolar reproduce la segregación de los barrios y eso termina perpetuando la pobreza.

¿Vivirán peor los jóvenes?

Otro tópico muy extendido es que los jóvenes vivirán peor que sus padres. ¿Los datos respaldan esa afirmación?

Hoy existe mucha más incertidumbre, pero no podemos comparar lo que nosotros teníamos con lo que tienen ellos porque las preferencias son diferentes.

No me gusta comparar dos mundos como si fueran estáticos.


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Portada del número 1.361 (agosto) de la revista Inversión.

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